La ONU y Libia, de la urgencia a la falta de sentido del ridículo
El mismo día en que Washington y Moscú ultimaban una iniciativa para impulsar negociaciones en Siria bajo la égida de Naciones Unidas y coincidiendo con la enésima ruptura del último alto el fuego en las conversaciones sobre Yemen, Libia despertaba con la resaca de un acuerdo de Gobierno de unidad nacional anunciado, a bombo y platillo, por la ONU.
No hay duda de que el conflicto libio, como el sirio y el yemení, es extremadamente complejo, con dos gobiernos paralelos y mil lealtades a otras tantas milicias, y extremadamente peligroso, con una filial del Estado Islámico (ISIS), que se ha hecho fuerte en la localidad natal del linchado Gadafi (Sirte), ha tomado el control de Sabrata y avanza en localidades del este de Libia, que va camino de convertirse en otra provincia del califato justo en la otra orilla del continente europeo.
Asumida la urgencia de lograr un acuerdo entre las distintas facciones libias, mayor aún al haberse convertido sus costas en trampolín para la entrada de la avalancha de refugiados a Europa, no es momento para suplir con voluntarismos o con lecturas forzadamente positivas la falta de avances. Poco Gobierno de unidad habrá cuando los parlamentos de los ejecutivos realmente existentes, el de Trípoli y el de Tobruk, lo rechazan. Lo de nacional mejor ni mentarlo, ya que el Gobierno de Trípoli responde en realidad a la pulsión de la ciudad-estado de Misrata y el de Tobruk es una construcción del vecino Egipto golpista y de las satrapías del Golfo Pérsico que ha logrado concitar el apoyo de nostálgicos gadafistas.
No debería la ONU poner su firma en iniciativas de este tipo, que corren el riesgo, con su más que previsible fracaso, de enconar aún más la situación.
Y menos después de que se supiera que el que hasta hace dos meses trabajó para pergeñar el acuerdo, el diplomático español y hasta entonces negociador de la ONU, Bernardino León, negociaba mientras con Emiratos Árabes Unidos un contrato con la friolera de 50.000 euros mensuales de sueldo. Huelga decir que, al apoyar a Tobruk, los Emiratos son parte interesada en el conflicto político por cuya resolución trabajaba precisamente León. Con semejantes precedentes habría sido un verdadero milagro lograr siquiera un mínimo acuerdo de compromiso. Incluso para la mismísima ONU.

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