Mikel INSAUSTI
Crítico cinematográfico

Quiero un dinosaurio para estas Navidades

Estoy encantado con el cuento de Navidad que ha protagonizado en la vida real nuestro querido Nicolas Cage, que tantos buenos ratos nos hace pasar dentro y fuera de la pantalla. Ya se sabe que en el fondo las estrellas de Hollywood son como niños y nuestro pequeño Nicolas quería un dinosaurio para su colección de rarezas, que cuando las cosas le iban bien no desmerecía de la del difunto Michael Jackson. Y se fue a una subasta en Beverly Hills, donde pagó 276 mil dólares por una calavera de un “tarbosaurus” o “tyranosaurus bataar”. Para ello tuvo que pujar con un tal Leonardo DiCaprio, lo que demuestra que el sobrinísimo de Francis Ford Coppola no es el único rarito.

De todo esto han pasado ya ocho años, pero ahora han llegado los líos con la justicia. En 2012 se celebró un juicio que condenó al paleontólogo Erik Prokopi a tres meses de cárcel, pues quedó demostrado que había robado en el desierto de Gobi una veintena de fósiles, introduciéndolos de contrabando en los Estados Unidos, puesto que el hombre quería hacer negocio con la dinomanía.

Queda claro que Nicolas Cage es inocente, y para demostrarlo ha devuelto a las autoridades de Mongolia la famosa calavera, en un gesto de verdadero espíritu navideño que le honra y nos sirve de ejemplo a seguir.