EL ARTE VASCO CONSOLIDA SU PRESENCIA EN UN AñO LLENO DE INCÓGNITAS
LA MAYOR FERIA DE ARTE CONTEMPORÁNEO DEL ESTADO LLEGA A SU EDICIÓN NÚMERO 35 EN UN MOMENTO DE INCERTIDUMBRE PARA EL SECTOR. PESE A ELLO LAS DOS GALERÍAS VASCAS PRESENTES EN ARCO (ALTXERRI DE DONOSTIA Y CARRERAS MÚGICA DE BILBO) SE MUESTRAN OPTIMISTAS ANTE LA CITA.

Después de dos ediciones en las que el mercado del arte parecía apuntar síntomas de recuperación (gracias, en parte, a incentivos fiscales favorables para que las galerías del Estado español pudieran competir de igual a igual con sus colegas europeos) las dudas vuelven a cernirse sobre los galeristas. Juan Ignacio García Velilla, director de Altxerri y veterana presencia en ARCO, cree que «el mercado del arte no es sino el reflejo del mercado en general y en esta feria hay públicos de todo tipo. Durante los dos primeros días los que acuden son los representantes de las instituciones, de las entidades financieras y los grandes coleccionistas, un perfil de cliente que no ha notado la crisis. Sin embargo, el visitante del fin de semana, que representa al profesional de provincias que acude para dejarse sorprender y ver que puede adquirir en la medida de sus posibilidades –que son más limitadas– gasta con mucha menos alegría que antes y galerías como la nuestra se ha nutrido mucho de ese tipo de compradores».
Quizá por eso la única manera de sobrevivir en el sector (más allá de las solución drástica que implica trasladar tu galería a Madrid o a Barcelona, puntos neurálgicos del mercado estatal del arte) es buscar una proyección internacional. De esa opinión es Ignacio Múgica, de la galería bilbaína Carreras Múgica: “Cuando el mercado local está de capa caída lo importante es mirar para afuera. Nosotros, en los últimos años, hemos apostado fuerte por establecer contactos con los mercados latinoamericanos donde el arte vasco siempre ha tenido muy buena acogida. Por eso es importante venir a ARCO, porque el galerista siempre debe transmitir sensación de actividad y este es un escenario inmejorable para eso”.
Al margen de esto, el representante de la galería bizkaina cree que su presencia en ARCO también se justifica en la posibilidad de establecer contactos entre profesionales y de cerrar acuerdos de colaboración: «Este es un sector donde la competitividad no tiene cabida. Nuestro afianzamiento viene determinado por la posibilidad de llevar a cabo proyectos conjuntos con otras galerías como exposiciones o muestras. Eso, además, genera “feed-back” y te encuentras con que algunos coleccionistas que están interesados en la obra de tal o cuán artista después de verla en otra galería o con los que has establecido un primer contacto aquí, en ARCO, vienen hasta Bilbo interesados en tus fondos». Más escéptico que su colega, en este sentido, Juan Ignacio García Velilla considera que «son pocos los que hacen un viaje exprofeso a Donostia o a Bilbo para visitarnos, pero sí que es verdad que, de repente, en un momento dado recibes una llamada de un coleccionista extranjero que ha visitado tu stand en ARCO y que está interesado en alguno de tus artistas. Ese tipo de contactos solo se hacen aquí y por eso es importante venir».
Una gran generación
El director de Altxerri reconoce lo importante que resulta, llegados a este punto, el apoyo de las instituciones: «Tengo que agradecer la ayuda recibida del Gobierno Vasco para montar este año nuestro stand en ARCO, es importante que las administraciones se impliquen». Opinión que comparten los responsables de la Carreras Múgica quienes creen, sin embargo, «que siendo importante, dicho apoyo se antoja todavía escaso». Ignacio Múgica no tiene reparos en reconocer que el arte vasco viviendo, como vive, un momento de máximo esplendor creativo «tiene un mayor reconocimiento fuera de nuestras fronteras que en casa, lo cuál es de lamentar aunque tampoco representa nada nuevo teniendo en cuenta que Eduardo Chillida la primera obra que vendió en Euskal Herria fue en una fecha tan tardía como 1982, con casi tres décadas de trayectoria a sus espaldas».
El compromiso de la galería bilbaina con el arte vasco es inequívoco. En el stand que han montado este año en ARCO tienen cabida algunas de las últimas obras de Txomin Badiola, Sergio Prego, Itziar Okariz o Asier Mendizábal: «Son una generación de artistas increíbles y además se apoyan entre ellos –comenta Ignacio Múgica–. Por ejemplo, en la obra de Sergio Prego que exponemos este estuvo asesorado por Asier Mendizábal que ya había hecho algunos trabajos en hormigón con anterioridad». Junto a estos nombres, ya clásicos, en la galería Carreras Múgica también quieren dirigir la atención del visitante hacia talentos emergentes como el del artista barakaldarra Raúl Domínguez quien recientemente recibió en México el premio Fundación Tequila 1800. «A un galerista le da mucho prestigio haber sido el primero en apostar por un joven valor cuando poco a poco su reputación se va consolidando».
No son estos, sin embargo, los únicos nombres de artistas vascos presentes en la feria ya que, tal y como reconoce Juan Ignacio García Velilla «en ARCO siempre ha habido mucha más presencia de nuestros artistas que de nuestros galeristas». Así, por ejemplo, Moisés Pérez de Albéniz, que se trasladó de Iruñea a Madrid, sigue apostando, sin embargo, por nombres como los de Juan Ugalde, Ana Laura Aláez, Iñaki Garmendia, Pello Irazu o Jon Mikel Euba, mientras que en otras galerías del Estado (e incluso europeas) que exponen en ARCO cabe hallar obras (de distintas épocas) de artistas como Esther Ferrer, Elena Asins, Juan Luis Moraza, Cristina Iglesias, Darío Urzay, Laida Lertxundi o Manu Muniategiandikoetxea.
Por su parte en Altxerri continúan su apuesta por el riesgo iniciada en 2015 cuando montaron un stand monográfico dedicado a un sólo artista. Entonces la protagonista fue Esther Ferrer mientras que este año es el catalán Miquel Mont el que ocupa en su totalidad el espacio que tiene en ARCO la galería donostiarra: «La verdad es que esta decisión puede parecer un suicidio, pero frente a la dispersión que procura en el visitante el hecho de confrontarse con obras de gente muy diversa, he preferido dar proyección a la obra de Miquel Mont, un artista de largo recorrido que trabaja el lenguaje y los materiales de una manera singular».

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