Conciliar
La noche del domingo, en la programación que habitualmente La Sexta carga de motivos para la pesadilla y para trastocar el síndrome del domingo en una paranoia, hablaron, por fin, de política, de la de verdad, no la de pacotilla que cacarean estos politicuchos actuales, tan parecidos a sus antecesores, que hasta utilizan el mismo lenguaje, la misma gomina y los mismos gayumbos de marcha. Hablar de conciliación familiar, laboral, es algo profundamente político. Lo hizo Évole desplazándose a Suecia, nada menos, para que nos explicara un catalán allí residente cómo funciona eso allí, los meses que tienen ambos padres, cómo se hacen los horarios flexibles, cómo se mantiene de manera sostenible un sistema que hace más fácil la maternidad y la paternidad. Una de las suecas entrevistadas dijo que era una manera de asegurar la existencia de nuevas generaciones de suecos. Y el que ambas partes tengan los mismos días pagados para poder atender a sus hijos significa que la igualdad de oportunidades laborales se sustancia, sabiendo que una mujer o un hombre en edad de procrear van a pedir los mismos días libres para ello.
No está todo tan claro, es un asunto de largo recorrido, hay un porcentaje creciente, pero no todos los usan, pero se han tomado desde el gobierno las medidas adecuadas para conseguirlo. La comparación con las leyes y los hábitos de aquí, no es posible. Una de las mujeres aseguró que tenía ocho guarderías estatales a menos de cincuenta metros de su residencia. Y en las guarderías las personas que atienden tienen cinco niños a su cargo, ni uno más. Dos señoras diputadas del congreso español explicaron cómo ellas hicieron una subcomisión durante dos años, cuarenta y cinco comparecencias, dos dictámenes, pero nunca pasó por ella un ministro, ni nadie hizo caso a sus conclusiones finales.

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