De sus manos y su cabeza saldrá el campeón de Berlín
Conocedor como pocos de la realidad baloncestística europea, Iván «Sunara» disecciona los cuatro equipos presentes en la Final Four, en busca de ese referente clave que, a la hora de la verdad, terminará por marcar la diferencia. Un jugador por equipo, y los motivos por los que pueden engrosar la breve lista de deidades europeas, o caer en el intento.

BOGDAN BOGDANOVIC
En una época en la que el scouting y el microscopio diseccionan las categorías inferiores, cada vez es más raro encontrarse casos de jugadores de explosión tardía, una etiqueta en la que probablemente encaje Bogdan Bogdanovic. Criado en el modesto Zitko basket, siendo junior de segundo año el liderazgo de su equipo en la recién creada liga junior serbia (impulsada por Dusan Ivkovic para dar visibilidad a los jugadores de la periferia) le dio un primer escaparate, apoyado después por su paso por el NIJT. A partir de ese momento, la carrera del escolta serbio no ha dejado de crecer. Tutelado con mimo de hierro primero por Dule Vujosevic y ahora por Zeljko Obradovic, Bogdanovic continua dibujando una carrera de continuo progreso y en la que empieza a no parecer tan disparatada la comparación con Predrag Danilovic: competidor, temperamental y heredero de una escuela ya desaparecida, el escolta vive sus mejores momentos en Estambul.
Olvidados los dolores de espalda que le martirizaron en el Eurobasket, Bogdanovic ha consolidado un salto físico que le permite ser fundamental en el ideario de Obradovic. Capaz de desenvolverse en las tres posiciones exteriores, el serbio pasa por ser el principal generador de juego del Fenerbahce bien de manera directa o bien explotando su creciente lectura del juego. Buen tirador exterior, su leyenda negra en los momentos finales ha quedado atrás con hasta tres triples ganadores durante el curso, incluyendo el que daba al Fener el título copero. Letal en la media distancia donde se genera espacios con facilidad pasmosa, la mejora de su tren inferior le está permitiendo ganar enteros en las finalizaciones, contundentes por la derecha y sutiles y preciosistas por la izquierda. Cierto exceso de bote y la falta de un punto de contundencia en el tiro exterior, pese a sus notables porcentajes, aparecen como los siguientes lunares que a buen seguro eliminará un tipo que bien pudiera salir de Berlín definitivamente instalado en la élite europea.
IOANNIS BOUROUSIS
Miembro del quinteto ideal de la euroliga 2008/09, pocos podían imaginar a su llegada a Vitoria que Ioannis Bourousis llegaría a la Final Four como un claro candidato al nombramiento como MVP de la temporada. Alicaído en su segunda temporada en el Real Madrid, algo que, en menor medida, ya le había pasado en Milano, el fichaje del pívot heleno fue respondido con escepticismo. Unas dudas que incluso tras su gran inicio de curso se mantenían presentes y que, finalmente, el rendimiento del jugador de Karditsa han terminado por borrar de la manera más contundente posible.
Perfectamente integrado en los esquemas de un Perasovic con el que, en teoría, parecía de difícil encaje, Bourousis lidera la Euroliga en rebotes a la par que es el segundo jugador más valorado del torneo. Y sin embargo, esos números no alcanzan ni siquiera a arañar el impacto que el pívot está teniendo en el conjunto vitoriano. Sólido en el poste, amenazante en el triple y con el punto de chispa necesario para sacar partido a su cuerpo, Bourousis ha encontrado un hábitat a su medida. Encarnando otra cara del Carácter Baskonia, el jugador formado en el AEK ejerce de padre del equipo y de genuino director de orquesta. Con una pareja de bases tan dinámica, imprevisible y brillante como alejada de la ortodoxia europea, Bourousis ha acabado por ser el equilibrio en la balanza. Mandando desde el poste alto, generando desde el bajo o alimentando con pases notables los cortes de los exteriores, «Bou» marca el tempo en estático de un equipo siempre generoso en el despliegue físico. Inteligente en la dosificación, la baja de Tornike Shengelia ha mermado un tanto un impacto defensivo que, no obstante, por momentos es más que correcto en el cierre del rebote e incluso en la intimidación. Quizás un punto menos fresco que al principio de curso, en las manos y, sobre todo, en la cabeza del jugador griego reposan una buena parte de las opciones de un equipo que sueña legítimamente con traspasar su última barrera pendiente.
NANDO DE COLO
Máximo anotador de la Euroliga, jugador más valorado, único exterior entre los 20 mejores en la clasificación del True Shooting... no cabe duda de que la temporada de Nando de Colo está siendo extraordinaria. Aun con más ascendencia y confianza en el juego que la temporada anterior, el jugador francés forma un dúo con su compañero de perímetro (y de generación) Milos Teodosic como pocas veces se ha visto en la Euroliga. Escolta pero con capacidad y ocasiones para ejercer de base, De Colo vive un idilio con el aro multiplicado por su innata facilidad para acudir a la línea. Parte fundamental de un CSKA que ha ahondado en sus fortalezas para ser un equipo acusadamente perimetral, el ex de Cholet significa un soplo de aire fresco entre la rutinaria colección de especialistas que pululan por las canchas.
Fiable en el tiro exterior a pies parados, pero sin alma ni capacidad de especialista puro, De Colo ha hecho un arte de lo excepcional con una gama de recursos en la media distancia, más propios de otros tiempos. De excelsa lectura del pick’n roll y sobresaliente tacto, el escolta francés encuentra vías para anotar en territorios poco explotados en el baloncesto actual. Técnicamente irreprochable, su talla y su buen uso del cuerpo le permiten atacar el aro mostrando a la par fiabilidad y elegancia en sus entradas a canasta. Notable en la visión de juego, capaz de destellos en el pase, De Colo irradia elegancia y clase en su tránsito sobre la pista. Más cuestionable en el aspecto defensivo, tiene piernas, inteligencia y cuerpo para minimizar lo que sin duda dista de ser una de sus fortalezas. Prodigio de aparente sencillez, De Colo destila clase y talento mientras desprende una sensación de falsa lentitud que termina por desbordar a un rival a menudo atónito con la facilidad del escolta galo. Notable en el Eurobasket, en Berlín De Colo tiene la oportunidad de cambiar el sino de un equipo tendente a lo autodestructivo para, de paso, coronarse como el mejor jugador de Europa.
MALCOM DELANEY
Los motivos de un éxito como el del Lokomotiv pueden rastrearse en muchos factores, uno de los cuales es, sin duda, haber tenido referentes claros y jugadores verdaderamente decisivos. A la hora de quedarse con uno solo, se puede caer en la tentación de mirar al banquillo para señalar la excelsa labor de Giorgos Bartzokas. Ya en la pista, el trabajo oscuro y efectivo de Claver o Broekhoff no debería pasar desapercibido, como no pasa la calidad y elegancia que desprende Anthony Randolph. Pese a todo eso, si hubiera que quedarse con un solo termómetro del cuadro de Krasnodar, muy probablemente habría que recurrir a la figura de Malcolm Delaney. Natural de Baltimore, tras pasar por el Towson Catholic en High School, el base comenzó a labrarse una interesante carrera en Virginia Tech, donde acabaría de explotar en su tercer año. Finalizada su carrera NCAA, Delaney emprendía una carrera europea que hasta ahora no ha conocido pausa. Campeón liguero y de Copa con Chalon, en su segundo año pasaba al Budivelnyk logrando la Liga y siendo elegido en el quinteto ideal de la Eurocup. De Ucrania a Alemania, para hacer campeón al Bayern y llevarse el MVP de la BBL.
En esta, su segunda temporada en el Lokomotiv, Delaney ha dirigido al equipo al éxito con su receta principal: la capacidad para aunar en un solo jugador al que es capaz de romper individualmente sin perder la capacidad organizativa. Duro mental y físicamente, Delaney tiene la capacidad de aguantar en defensa mientras en ataque puede romper buscando el aro o decidir creándose sus tiros, donde, sin ser un especialista puro, goza de facilidad para anotar triples clave. Irreprochable en los primeros meses, un atisbo de cansancio asomó en el tramo final del Top 16 llevando al base a reducir su impacto a chispazos de calidad, salpicados con una peor toma de decisiones. Con todo, a poco que llegue con la cabeza limpia y las piernas ligeras, no hay que descartar que su ascenso europeo viva su pagina más grande en Berlín.

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