Sibelius y Prokofiev en atriles de Finlandia
A pesar de los avances que han realizado las mujeres en la vida musical clásica –hace poco aún quedaban orquestas en occidente que no admitían mujeres en sus filas– la dirección de orques ta sigue siendo ese punto negro donde confluyen todos los prejuicios machistas. Al margen de los exabruptos so bre su capacidad de liderar una orquesta por parte de colegas masculinos como Yuri Termirkanov o Vasily Petrenko, las cifras son muy elocuentes: más del 95% de las orquestas las dirigen hombres. Por eso fue tan especial recibir en Donostia a Susanna Malkki, una de las primeras mujeres en osten tar la titularidad de una gran orquesta europea –en Finlandia, cómo no–.
Y Malkki demostró ser una directora de gran categoría, especialmente hábil con los matices expresivos del fraseo, como demostró en la breve pero sutil “Romanza” de Sibelius. Quizá le faltó algo de imaginación rítmica en su acompañamiento del “Concierto para piano nº3” de Prokofiev –un poco machacón–, aunque el trabajo de integración entre piano y orquesta fue magnífico y dejó momentos de una intensidad “diabólica”, como comentaba mi vecino de butaca. El pianista Simon Trpčeski domina a la perfección la partitura y la ejecutó con brillantez y sin los excesos. Cerró la noche una “Quinta” de Sibelius que comenzó con paso vacilante y terminó desatando la emoción y unos clímax abrumadores.

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