Koldo LANDALUZE
CRÍTICA «El hombre perfecto»

La sombra del escritor

En este su debut en el largometraje, Yann Gozlan ha querido cubrirse las espaldas con un discurso y estilo en el que cohabitan Claude Chabrol y Patrici Highsmith. El primero se asoma en esa vertiente que tan bien manejaba a la hora de enmarcar un delito o algo similar en las entrañas de una de esas típicas familias de clase acomodada o burguesía alta, que tras su afable apariencia ocultan armarios repletos de cadáveres y secretos inconfesables. De la segunda emerge el siempre suculento perfil del talentoso Tom Ripley que, en esta oportunidad, se transforma en un escritor arribista de intachable apariencia pero que no podrá evitar caer en la tentación de hacer suya una novela que nunca escribió y que tal vez nunca podrá hacerlo.

Con semejantes mimbres, Gozlan compone un trabajo interesante y entretenido cuyo principal lastre se concentra en su excesivo subrayado de las causas y efectos que se dan cita en una trama que no requería de tanta evidencia.

El joven intérprete Pierre Niney compone con acierto el personaje de un escritor que, sumido en plena crisis creativa, rememora el pasaje del pasado que da sentido a su presente y topamos con un anónimo aspirante a autor que malvive trabajando para una empresa de mudanzas. El destino, o las musas –siempre juguetonas y caprichosas– le colocarán ante una disyuntiva que cambiará por completo su futuro, en un cajón olvidado tropieza con un manuscrito firmado por un anciano y en el que recrea su juventud durante el conflicto de Argel. El aspirante a escritor no dudará en aceptar este regalo envenenado que le otorga la providencia y estampará su firma sobre la del verdadero autor.

De esta manera, la trama se arrima a los resortes del thriller a la hora de mostrar las consecuencias de esta acción. Mientras tanto, entre capítulo y capítulo, disfrutamos con la lección interpretativa que brinda Ana Girardot.