El futuro del proceso soberanista, más allá del Vicente Calderón
Las esteladas de la Copa centrarán el foco de las cámaras este fin de semana, en el que la ANC, CDC y la CUP tienen citas cruciales. De los equilibrios que surjan dependerá buena parte del futuro del proceso.

Las cosas han ido tan rápido en Catalunya que, al mirarse al espejo, son muchos los que no reconocen la imagen que el cristal les devuelve. Ocurre con una Convergència empequeñecida, independentista y pretendidamente socialdemócrata, y ocurre también con una CUP que, de rechazar participar en las elecciones al Parlament, ha pasado a ser clave de la gobernabilidad en apenas cuatro años. Casi nada.
Los caprichos del calendario han hecho coincidir en un mismo fin de semana la asamblea nacional de la CUP –el domingo– y la doble consulta de CDC –hoy–, en la que las bases convergentes elegirán candidato o candidata para el 26J y en la que, sobre todo, decidirán si la renovación del espacio político catalanista conservador pasa por revitalizar las siglas fundadas por Pujol o por crear una nueva formación. Pero aún hay más: una Assemblea Nacional Catalana (ANC) en sus horas más bajas celebra también hoy la primera reunión de su nuevo secretariado nacional, del que deberá salir el nuevo presidente. O presidenta, que está por ver. La atención mediática del fin de semana se concentrará en las esteladas del Vicente Calderón, pero buena parte de la futura evolución de la política catalana depende de los equilibrios que surjan en las próximas horas.
Con la mayoría de dirigentes de la primera hornada en el Parlament, la ANC ha abandonado en el último año el marcaje a los partidos. De hecho, apenas se ha movido ante la evidencia de que la hoja de ruta de 18 meses apadrinada por las entidades soberanistas es hoy día una quimera. En este contexto, las elecciones al secretariado general dieron la victoria al sector crítico –con Liz Castro como candidata más votada y Antonio Baños y Quim Torra en tercer y cuarto lugar–, pero por un estrecho margen, ya que el actual presidente, Jordi Sánchez –al que los críticos acusan de beneficiar a CDC–, quedó segundo, a solo 30 votos.
Los 77 miembros del nuevo secretariado general se reúnen hoy para escoger nueva presidencia, a la que Castro ya anunció que se presentará. Está por ver si consigue los apoyos necesarios. Pero sobre todo está por ver si el nuevo secretariado consigue un nuevo equilibrio capaz de recuperar el pulso movilizador y vigilante de la ANC. El próximo 29 de mayo llegará un primer test, con la manifestación que las entidades soberanistas y otras organizaciones sociales y sindicatos han organizado para protestar contra la sistemática suspensión de las iniciativas legislativas catalanas por parte del Tribunal Constitucional. El test casi definitivo, la próxima Diada del 11 de setiembre, rodeada a día de hoy de incógnitas.
Las aguas van revueltas también en Convergència, cuyas bases decidirán hoy a su candidato para el 26J –repetirá Francesc Homs, previsiblemente– y se pronunciarán sobre la fórmula de renovación del catalanismo conservador: o reformar la CDC existente o crear un nuevo partido. Si la militancia sigue los deseos expresados por Artur Mas y Carles Puigdemont, optará por crear un nuevo partido que abandone unas siglas ligadas a la corrupción y a los recortes –aunque existe la opción de que el nuevo partido incorpore la palabra Convergència–.
Pero, sea cual sea la fórmula escogida, la guerra entre familias convergentes –hay quien distingue hasta siete– está asegurada. Apenas existe discusión sobre la presidencia de la formación, que recaería sobre un Artur Mas que sigue sin aclarar qué papel quiere desempeñar en el futuro, mientras que la secretaría general está en disputa, a día de hoy, entre el presidente del grupo parlamentario, Jordi Turull, y el exconseller de Justicia, Germà Gordó. Más allá de los nombres, sin embargo, el reto del catalanismo conservador es volver a vertebrar un espacio político capaz de aglutinar amplias mayorías de Gobierno. Sumarse al proceso soberanista y girar hacia el independentismo no les ha servido, tal y como deseaban, para mantener la hegemonía, por lo que no son pocas las tentaciones de echar el freno de mano y regresar al peix al cove. Lo que ocurra en Madrid será clave en este sentido.
Pese a situarse en las antípodas ideológicas, la situación en la CUP tiene sus paralelismos. El proceso soberanista ha enfrentado también dentro de la Esquerra Independentista a quienes vieron en el proceso una oportunidad histórica y a aquellos para los que ha supuesto renunciar a los ritmos y aparcar el carácter municipalista y anticapitalista de la CUP. La tensión llegó al límite en las negociaciones post-27S, resueltas finalmente con el paso a un lado de Mas a cambio del apoyo cupero a la hoja de ruta de JxSí.
La cita de mañana, la primera desde aquellos intensos días, servirá para hacer un balance de aquellas negociaciones y del acuerdo posterior. Y, en este sentido, no son pocas las asambleas territoriales que abogan por elevar el precio del apoyo a JxSí en el Parlament. A la espera del resultado de la asamblea de mañana, cabe esperar que la aprobación de los presupuestos –que el vicepresidente y líder de ERC, Oriol Junqueras, deberá presentar este mes– será cualquier cosa menos sencilla.
Porque aunque ERC, en contra de la tradición, es ahora mismo una balsa de aceite, tampoco las tiene todas consigo. Con Junqueras atrapado entre los números –rojos– de la Generalitat y con una coalición en la que están infrarrepresentados, la curva electoral ascendente de los republicanos se ve amenazada, más aún a las puertas de unas nuevas elecciones en las que tocará competir de nuevo con los socios de CDC. La esquizofrenia es un peligro evidente, igual que la posibilidad de que una fuerza no independentista –En Comú Podem– vuelva a ganar unas elecciones en Catalunya. Mala noticia para aquello de la internacionalización.
Pero el principal foco de tensión en JxSí son los presupuestos. Junqueras intenta marcar perfil propio y atraer a la CUP con subidas de IRPF a las rentas más altas, mientras Puigdemont sale en público a desautorizarle. Y es que cuanto más se ralentiza el proceso, más relucen las contradicciones. Tanto que los rumores de un adelanto electoral que ponga a cada uno en su sitio (y al proceso, probablemente, en la papelera) van creciendo en los mentideros del poder catalán. Quién sabe. El botón rojo de las elecciones está en manos de Puigdemont, a quien no interesan nuevas elecciones. Pero el botón que podría hacer saltar por los aires JxSí está en manos de Junqueras.

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