Jon Odriozola
Periodista
JO PUNTUA

Podemos: un club de fans

Si a la «caverna mediática» hubiera que hacer caso (cuando se refiere a «Podemos» como «extrema izquierda», etcétera), no titularía así e iría al psiquiatra a preguntarle que, si estos son poco menos que peligrosos «bolcheviques», ¿dónde me ubico yo, doctorcito? Lo pregunto como un marxista raso, condición que niego a Pablo Iglesias et al.

Al menos tuvo la decencia –o el pudor– de no declararse hace poco «comunista», lo que ya sospechábamos, pero que nunca aclaró hasta que le preguntaron.

Si acaso sí les otorgo la condición de «posmarxistas» –como si el marxismo fuese una moda más que cayó en desuso en el voraz supermercado de las ideologías donde el más listo, capador– tan del gusto de sus mentores «populistas» Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, pareja «neoalthusseriana» y, oso decir, apurándome, «retromarcusiana», que tienen a Karl Marx y Friedrich Engels como una reliquia venerable, sí, pero osificada y que no serviría, según ellos, para interpretar la realidad (Marx siempre habló de «transformarla», según su decimoprimera y última Tesis sobre Feuerbach).

Suponen criticar al marxismo (desde la «izquierda», por supuesto, para mejor contrabandear el mensaje) en lo que es más bien una supuesta crítica a una caricatura del marxismo donde la lucha de clases ya no es axial siéndolo la lucha discursiva, ideológica, propia de intelectuales, algo ya «inventado» por la Escuela de Frankfurt y sus eternas discusiones sobre la existencia del «sujeto revolucionario», la tópica clase obrera, que Herbert Marcuse entiende «alienada» por el capitalismo moderno siendo sustituida por minorías no integradas y marginales, por el lumpen-proletariado, en suma.

Y es que lo que existe es «la gente». Van de «modernos» y se les ve el pelo de la dehesa cosa mala.