Iñaki VIGOR
IRUÑEA
Elkarrizketa
FERNANDO GOÑI, «GOÑI III»
EXPELOTARI PROFESIONAL

«Desde crío tenía claro que iba a intentar ser pelotari y hablar en euskara»

En 2009 sorprendió a sus compañeros cuando comenzó a utilizar Twiter, porque ningún pelotari profesional lo había hecho hasta entonces. Y ahora nos sorprende a nosotros: «¿Una foto con las cuatro txapelas? No sé ni dónde las tengo. Creo que están en un saco». Así es Fernando Goñi, un mocetón que ha cumplido sus dos sueños: ser pelotari y hablar en euskara.

De carácter tranquilo, pero de espíritu inquieto, Fernando Goñi se mueve casi a diario entre Iruñerria, Eugi y Zubiri, la localidad donde nació hace 43 años. Solo él ha conseguido llegar a cuatro finales del Campeonato de Parejas y ganar las cuatro. Su etapa de pelotari profesional ya ha quedado atrás, pero sigue vinculado a la pelota.

Hace veinte años ganó el campeonato estatal juvenil. ¿Qué recuerdos tiene?

Recuerdo que lo jugué con Juantxo Apezetxea, magnífico pelotari de Goizueta. Pero yo no soy mucho de acordarme de fechas, me quedo más con sensaciones que con recuerdos puntuales.

En 1998 debutó como pelotari profesional.

Eso sí lo recuerdo bien. Debuté en el primer festival de Aspe, que fue en el frontón Labrit. Entonces yo tenía 25 años recién cumplidos, vivía en el caserío con los aitas, trabajaba con ellos, pero no tenía un trabajo fijo. Recuerdo que el otoño anterior a debutar me puse como meta el Mundial de México de 1998. Yo estaba destacando en aquella época en el campo aficionado. Jugué el torneo del ‘‘Diario Vasco’’ junto con Pablo Berasaluze, y aunque no éramos los favoritos, ni mucho menos, ganamos aquel prestigioso campeonato. A partir de ahí hice una preparación más específica. Empecé a entrenar con un preparador, y al poco tiempo debutamos varios pelotaris a la vez en Aspe.

¿Supuso un cambio muy fuerte pasar del campo aficionado al profesional?

Desde el momento en que te están pagando un sueldo, todo cambia. Y a nivel personal está la ilusión de poder jugar con los mejores, lo cual motiva muchísimo. Se siente la necesidad de dar lo mejor de uno mismo; por eso llegué hasta ahí, porque me esforcé para llegar a jugar el Mundial de México, que entonces era mi meta más accesible.

Solo tres años después de debutar como profesional ganó el Campeonato de Parejas, con Olaizola I de compañero. ¿Lo esperaba?

<p >Ni mucho menos. Recuerdo que el año anterior había jugado ese campeonato con todos los pelotaris grandes, y eso me dejó super contento. Y quedar campeón al año siguiente fue ya como un punto de inflexión a nivel personal. Desde que uno es crío, se ve eso como la meta deportiva, y ganar a los mejores pelotaris te hace sentir que has llegado a la meta.

¿Fue la txapela que más ilusión le ha hecho?

Sí. Todas las txapelas son especiales, pero la primera es como culminar una trayectoria que has seguido desde que eras chaval, desde que mirabas a las figuras, y el poder estar entre ellos, y encima ganarles, fue una pasada. Conseguir esa txapela también era una especie de agradecimiento a toda la gente que me ha estado apoyando desde chaval. El poder darles una satisfacción así te llena mucho, porque ves que están gozando. Una de las fotos que más me gusta es precisamente de aquel día, en la que estoy mirando hacia la grada viendo gozar a los demás.

Llegó a cuatro finales de Parejas y ganó las cuatro. Eso no es nada fácil.

La verdad es que no. Yo he tenido la suerte de ganar las cuatro, mientras que otros compañeros han llegado a varias y no han podido ganar. Llegar a una final ya es difícil. Llegar a cuatro es muy difícil. Y llegar a cuatro y ganar las cuatro es super complicado. Me siento un privilegiado, pero al margen de haber ganado las cuatro txapelas, por el hecho de haber rendido en esos momentos. Ahí está un poco la clave, en poder dar todo lo que uno tiene en esos días tan complicados, de tanta presión. Yo he sido competitivo y he sabido gestionar esas circunstancias.

Su última txapela llegó en el año 2009, cuando ganó junto con Irujo a Olaizola II y Mendizabal. Se le escapó una pelota cuando el marcador estaba 21 iguales y fue tanto. Todavía recordamos los saltos de alegría que dio. ¿Ha sido la mejor escapada de su vida?

Pues sí, y es paradójico que una escapada le dé una txapela a un pelotari que ha tenido siempre la etiqueta de super-seguro, de no fallar. Muchísima gente recuerda todavía aquel campeonato, por lo igualado que estuvo, por cómo acabó. Aquella final fue un resumen de todo el campeonato, que fue espectacular, brillante, emocionante. A última hora tuvimos la suerte de cara. Pero fue una escapada que no fue casual, en el sentido de que llegó como consecuencia de un golpe terrible que me había dado yo a mitad del partido. El músculo se me fue contracturando, y no darle el recorrido completo al brazo hace que la pelota caiga antes de lo debido. Yo nunca tuve la sensación de que podía hacer falta, porque la pelota iba tocada, aunque no podía coger altura por la contractura que tenía. Pero bueno, fue un cara y cruz.

Ese mismo año fue el primer pelotari profesional que comenzó a usar Twiter. ¿Qué le decían los compañeros?

Los compañeros no sabían ni lo que era Twiter. En aquel tiempo no existía, pero no solo en el mundo de la pelota, sino del deporte en general. Yo adquirí el hostal Quinto Real en 1999, y durante mi carrera profesional trabajaba paralelamente en el sector del turismo, que es un sector muy pionero y tienes que estar muy al día. Eso fue lo que me llevó a usar Twiter. En el mundo del turismo, internet y las nuevas tecnologías son primordiales, y yo lo trasladé al campo del deporte.

Hoy en día sigue utilizando las redes sociales. ¿Qué ventajas e inconvenientes les ve?

La principal ventaja es que es un altavoz tremendo. Puedes llegar a mucha gente y además la forma de comunicarte es directa. En cuanto a inconvenientes, el mayor que le veo es la guerra de los anonimatos. Hay que respetar la libertad de expresión, pero a veces se abusa, se utiliza para faltar, y eso es lo que menos me gusta.

Volvamos a la pelota. Después de salir de Aspe, en 2010, continuó jugando en Garfe.

Jugué la temporada 2011-2012 con Garfe, pero más como un freelance de la pelota que como miembro de una empresa. Jugaba por hobby, sobre todo en encuentros de exhibición. Seguí vinculado al mundo de la pelota un poco por inercia, porque estaba físicamente bien y quería seguir haciendo deporte.

El año pasado puso en marcha ElkarPelota junto con Irujo, Eugi y Martínez de Eulate. ¿Cómo surgió esta iniciativa?

ElkarPelota nació por ese gusanillo que llevamos dentro. Somos cuatro compañeros, veníamos del mismo grupo de entrenamiento en Iruñea desde nuestra época profesional y siempre hemos tenido en mente que queríamos transmitir a los chavales nuestra experiencia como pelotaris. Queríamos aportar a la pelota algo más que lo que ha sido nuestra carrera profesional, impulsar la base. Empezamos hace justo un año con un campus de verano para los chavales, y acudieron en total unos 150. Nos gustó cómo funcionó, vimos que los chavales estaban contentos, nosotros también, y a partir de ahí apostamos por un poquito más. Entonces nos decidimos a hacer un centro de formación durante todo el curso escolar. En Imarkoain tenemos unas instalaciones en donde hacemos una especie de refuerzo para los chavales que están en los clubes. Son clases más intensivas, centradas fundamentalmente en aspectos técnicos, con grupos reducidos y por tanto muy personalizadas.

 

¿Cuál es el pelotari que más ha admirado Fernando Goñi?

Retegi y Galarza eran los pelotaris de referencia de cuando yo era chaval, los que más admirábamos. Pero siempre me ha gustado fijarme en todos, porque el que está a ese nivel es porque tiene algo. Yo no he sido nunca de ídolos, sino que me ha gustado mirar un poco lo que tenía uno y lo que tenía otro, el saber sufrir y estar de Antton Maiz, la elegancia de Martinikorena...

¿Y el delantero con el que más a gusto ha jugado?

La verdad es que he tenido suerte de jugar con muy buenos compañeros. Con Titín hubo un par de años que jugábamos mil partidos, hacíamos una pareja muy buena, y con Irujo tenía afinidades desde chavales y una confianza absoluta para hablar, y eso hace que jugar juntos sea más fácil. Te estoy hablando de dos figurones, y jugar con ellos era sencillo.

La mayoría de los pelotaris hablan euskara. Usted lo tuvo que recuperar ¿no?

La ama es euskaldun, del valle de Imotz, y el aita vivía en un caserío entre Agorreta y Zilbeti, pero lo perdió. Los padres de mi padre sí hablaban euskara, pero en toda esta zona de Valderro se perdió. Yo de crío iba a una ikastola privada de Zubiri, pero cerró. Había pocos habitantes y las ayudas eran las justas. En casa acabamos perdiendo el euskara, y yo lo retomé justo cuando empecé en el campo profesional, con 25 o 26 años. Estuve un par de temporadas en el euskaltegi Arturo Kanpion, porque entonces dejé el caserío y me fui a vivir al Casco Viejo de Iruñea. Desde crío yo tenía claro que iba a intentar ser pelotari y conseguir hablar en euskara.

Y ha conseguido las dos.

He tenido la suerte de esforzarme por las dos cosas. Lo principal es esforzarte y, luego, hasta dónde llegue cada uno, ya es otra historia.

¿Qué es más difícil, conseguir una txapela o utilizar bien el nor-nori-nork?

¡Buh! El nor-nori-nork todavía me cuesta. Además, a la hora de hablar euskara no he sido demasiado académico, ni mucho menos. Me defiendo y he conseguido mi principal objetivo, que era poder tener conversaciones en euskara y entender lo que me digan. Eso es lo básico, y luego está lo que quieras progresar. Seguro que yo me apuntaré otra vez en el euskaltegi para perfeccionar. Al hotel viene mucha gente de distintas zonas de Euskal Herria y es muy bonito escuchar a personas de Zuberoa y de Lekeitio. El oído lo tengo bastante bien desarrollado para poder entender a unos y a otros.