Jon ORMAZABAL
Pelota

Xalton Zabala, el forjador de talentos amezketarra

El responsable del club Zazpi Iturri, una de las canteras más prolíficas de Euskal Herria, nos relata sus experiencias en la formación de las estrellas de momento.

Por mucho que el frío se haya instalado en el Larrunarri de Amezketa y pasarán meses hasta que desaparezca, se siente mucho más cómodo intentando transmitir a los chavales su sabiduría y, sobre todo, su pasión por la pelota que cuando se le pregunta por su labor como forjador de talentos. Es más, sus primeras palabras son para «esos pelotaris que se han quedado en el camino, a los que no he sido capaz de inculcarles eso que puedo saber yo, a los que no han evolucionado físicamente como se esperaba o que por otros mil motivos no han podido llegar a cumplir su sueño de ser profesionales. Me da mucha más pena eso que otra cosa. Yo me tomo esto como si fuera una obligación».

Sin embargo, tampoco puede pasar por alto que los dos últimos campeones individuales, Iker Irribarria y Eirk Jaka, y el que puede completar el poder guipuzcoano, Jokin Altuna –el cuarto es Aitor Mendizabal– han sido pulidos en sus etapas de formación bajo su responsabilidad. «Algo habremos hecho bien, pero yo no le doy mucha importancia a eso». De hecho, estos tres nombres, unidos a Tolosa y Erostarbe, los profesionales en activo que han pasado por sus manos, son los que le han puesto en el candelero, pero no tiene para olvidar la larga lista de pelotaris que han dado el salto, vistiéndose, o no, la camiseta del Zazpi Iturri bajo su supervisión. «Eneko, Haritz, Saralegi, Aitzol Sukia, Eñaut Iparragirre, Aratz Mendizabal, Beñat Arzelus, que debutó con Frontis, Unai Garmendia…».

Llegados a este punto, la pregunta parece obligada, “¿El pelotari, nace, o se hace?”. «El pelotari nace y luego hay que hacerle. Eso se ve claro en el caso de Jokin, por parte del padre no ha tenido un solo pelotari en la familia, pero por el de la madre todos lo han sido. Empezando por el bisabuelo, los dos abuelos Altuna y Aierbe, que fue un puntista famoso, que fue puntista porque a mano no tenía contrarios. Luego los dos hermanos de la madre, Altuna I y Altuna II, primero a mano hasta juveniles y luego fueron remontistas profesionales», explica Xalton Zabala. «Luego Jokin lo que ha hecho es ver mucha pelota, le ha tocado ver mucha. Su ama daba clases de piano en una habitación que está encima del frontón, y mientras le esperaba veía entrenar a todos los pelotaris del pueblo. Luego, todos los fines de semana acudía a Galarreta o al Euskal a ver jugar a sus tíos, no habrá un chaval en Euskal Herria que haya visto tanta pelota y eso le ha valido mucho para hacer sus análisis y sus estrategias», prosigue. «Nació pelotari por los genes de su madre, pero luego se ha hecho», resume.

En este sentido, el amezketarra reconoce la suerte que han tenido en un pueblo pelotazale como el suyo en el que nunca les han faltado referentes en los que fijarse. «Los hermanos Galarza, Aierbe, Joxan Tolosa y sus hermanos, Haritz, Eneko Galarza, Saralegi… y ahora tenemos a Jokin que, con un poco de suerte, tendremos referente para otros 20 años».

Sin embargo, la situación de los clubes no es fácil. «¿Sabes lo que pasa? Ahora Altuna está de moda y todos los críos se apuntan a la escuela, ¿pero cuántos seguirán? ¿Cuántos serán aprovechables para el club? El niño juega por pasión, luego ven a Messi y quieren ser futbolistas, ven a Altuna y pelotari, luego verán un ciclista bueno y se subirán a la bicicleta…» Por ello, estima importantísimo el papel de los padres, otro pilar fundamental en la formación. «Si el niño es pelotazale, los padres deben respetarlo y dejarle. Si los padres son también pelotazales, el crío verá pelota y de ahí aprenderá un montón, pero si son futboleros, verá solo fútbol y ya se sabe que los críos son como esponjas, lo absorben todo, deporte, lengua, cultura…».

Dos casos excepcionales

Pero dentro de la amplia gama de pelotaris con los que ha trabajado, Jokin Altuna e Iker Irribarria han sido dos casos excepcionales, de los que se les veía que tenían algo especial desde una edad muy temprana. «Jokin empezó a jugar a pelota con cinco años y con seis ya se calzó los pantalones blancos. Jugó su primer partido oficial, en Andoain, con niños tres años mayores que él. Y no le pones por capricho, yo no miré a la edad, era mejor que el resto». En el caso de Irribarria, le tocó sufrirle como contrario en las categorías más bajas, antes de que llegara al club Zazpi Iturri. «Era nuestro rival más fuerte en Gipuzkoa, luego estaban Darío y Espinal, que se quedó un poco pequeño», analiza.

Estaba claro pues, que tanto Irribarria como Jokin Altuna iban a hacer carrera en el mundo profesional, lo que nadie podía pronosticar era que su impacto pudiera ser tan rápido.

«Se les veía algo pero no pensábamos que podrían estar tan arriba al poco de debutar, pensábamos que les llegaría su hora cuando se retiraran Aimar, Irujo y compañía, pero con uno y dos años de profesionales... Además hay que tener en cuenta que Jokin pasó un neumotórax con 17 años y se pasó aquel verano en blanco. Iker, por su parte, tuvo que operarse de una mano y se pasó un año en blanco. Le costó algo recuperarse y por eso debutó más tarde, pero lo que han hecho solo lo hacen las figuras».

Eso sí, ni su juego ni su manera de ser tienen nada que ver. «Irribarria, cómo te lo diría..., es más como un militar, un joven muy preparado desde pequeño. No tienes más que ver su derecha, el tiempo que no habrá pasado entrenando con esa mano... Jokin, por su parte, es de otra pasta, no es tan metódico, suele entrenarse más dependiendo de sus sensaciones. En algún entrenamiento le he visto dar exhibiciones hasta el tanto 18 y luego aburrirse y dejarse llevar, hasta el punto de que le he tenido que decir que se fuera a casa. A irribarria le ayuda el físico pero también es muy metódico».

De maduración algo más lenta es Erik Jaka, pelotari muy querido por Zabala, con cuya victoria se alegró incluso más que con una hipotética de Altuna el domingo. «Vino a Amezketa con 12 años y nos ha ayudado mucho, tanto con los pequeños como con Jokin. Veía que no tenía con quién entrenar, es dos años mayor, y siempre estaba dispuesto a entrenar con él antes de su entrenamiento».

El amezketarra entiende que su lesión de tobillo le llegó en el peor momento, cuando estaba comenzando a dar su nivel por parejas y entiende que, una vez que se ha hecho con la txapela del Promoción, puede ser la hora de metas mayores. «He leído en algunos medios que Mendizabal y Elezkano se juegan una plaza en el Parejas y ¿por qué no Erik? Yo lo vería a gusto contra cualquiera de los dos con un buen zaguero. Su defensa quizá no es la mejor pero puede dar lecciones de remate. Hemos visto grandísimos pelotaris como Gonzalez y Unanue a los que les costaba defender».

¿Y de cara al futuro? ¿Hay relevo? El amezketarra nos revela entre risas que tiene un par de gemelos de cinco años, de apellido Saralegi, que genéticamente lo tienen todo para ser la próxima generación, pero la pelota no es una ciencia exacta. «Me ha pasado tener una gama bonita de pelotaris y no debutar ninguno. También depende del mercado. Estos pelotaris tuvieron su oportunidad y han respondido».

También se ha dado el caso contrario. «Con Haritz –su sobrino Sáez de Nanclares– pensábamos que había pasado su tren, debutó con 25 años y tuvo un primer año mágico. Ahora también hay pelotaris como Santxo, Urbieta, Urretabizkaia o Urbieta, grandes pelotaris que no han tenido la opción de debutar. Si ahora tuvieran 18 años seguro que debutarían. Pero la vida es tan injusta, pero antes también. Juantxo Apezetxea, el que hace de botillero de Aimar en ausencia de Asier, ganó seis o siete veces el campeonato de España y toda clase de torneos, pero no tuvo la oportunidad».

Se dice que este tipo de estrellas surgen cada diez años, pero le pedimos nos adelantara el nombre de los jóvenes que pueden dar el salto. Zubizarreta, Alberdi, Expósito o Aranguren entran en su quiniela. También nos dejó una última profecía. «Altuna todavía no ha mostrado en profesionales la gama de recursos que tenía en juveniles». A la espera quedamos.