Maitane ALDANONDO
DONOSTIA
Elkarrizketa
EVA RIVERA
DIRECTORA DEL FESTIVAL DOCK OF THE BAY

«Tenemos un público fiel que espera el festival y eso hace que sobreviva»

Gestora cultural independiente, Eva Rivera es una de las ideólogas del festival de cine documental musical Dock of the Bay, una cita post navideña que se ha hecho un hueco en la agenda cultural donostiarra. Cumple una década con el apoyo del público, pero con su futuro pendiendo de un hilo.

Inmersa en el torbellino de las vísperas del inicio hoy de Dock of the Bay, Rivera repasa –cuando no le interrumpen las llamadas – la trayectoria del festival y su edición actual.

¿Qué destacaría en la oferta del festival para los próximos siete días?

La selección de películas de la sección oficial es más arriesgada a nivel formal y temático. Hemos querido indagar un poco en las nuevas formas de narrar el documental musical, con varios títulos que son un híbrido entre documental y ficción. Además está el seminario, la publicación, el fanzine, los conciertos... y hemos llamado “Perfect Day” a la sección que recoge las novedades de 2016 en el panorama internacional.

Dock of the Bay sigue evolucionando y sumando actividades. ¿Cuáles son las novedades?

Tenemos una nueva sección de retrospectiva, “Paint it black”, con tres títulos: dos homenaje a Bob Dylan y Leonard Cohen y la película de los Who. Es la oportunidad de ver clásicos en la pantalla grande, no creo que se haga a menudo. Hacemos un festival pequeñito con películas interesantes y de dimensión similar en las últimas ediciones. Dentro de nuestras posibilidades intentamos proponer cosas nuevas, para sorprender y no repetir siempre el mismo festival; muchas se nos quedan en el tintero y esperamos ir sacándolas en próximas ediciones.

En la sección oficial está la bizkaitarra «Sound of the Roots» y antes ha habido otras de Euskal Herria. ¿Tienen un compromiso con la producción local?

El festival aspira a ser una ventana de exhibición de lo que se hace aquí en el ámbito del documental musical. Desde hace unos años siempre ha habido cintas locales e intentamos tener contacto con los realizadores vascos para que muestren sus trabajos. Ojalá en el futuro tengamos una sección de producciones locales.

No hay presupuesto para fiestas, pero tienen una extensa programación paralela.

Viene a completar toda la programación del festival donde aparte de las proyecciones ocurren cosas, una semana un poco festiva. Se suma la sala Kutxa Kultur a los conciertos y Joseba Irazoki hará una banda sonora en directo. Además como novedad tendremos un karaoke con banda en directo. La parte más reflexiva es el seminario donde nos acercamos a cómo entienden el mundo del documental musical la crítica y los realizadores. Dentro de la línea de publicaciones en torno al cine y a la música que iniciamos el año pasado, presentaremos las memorias de Françoise Hardy el día 13 en Garoa y también hemos hecho un fanzine.

El cine documental musical es un nicho muy concreto. ¿Considera que el festival se ha consolidado? ¿Puede crecer?

Tenemos un público fiel que espera el festival y eso hace que sobreviva y siga manteniéndose. La pasada edición se agotaron las sesiones un día antes, ¡qué subidón! Nos había pasado el propio día, pero la víspera... Desde 2013 con “Serching for Sugarman”, el público general ha crecido porque se ha acostumbrado a ver documentales musicales en el cine. Hay más opciones y la gente quiere verlo. Para los jóvenes creamos la sección “Nuevos públicos”, porque vimos necesario hacerles atractivo el género, con títulos más accesibles. Lo cuidamos porque será nuestro público futuro.

¿A qué aspiran?

A estar ahí. A la pervivencia, a la consolidación a nivel económico y a seguir siendo atractivo e interesante para el público. Como formato creo que ya está bien dimensionado. Nos encantaría que fuera más festivalera: varias proyecciones, diferentes salas, más invitados... y a nivel de gestión, una financiación más acomodada haría que el equipo tuviera menos dificultades a la hora de trabajar. Hacemos el festival porque nos gusta y queremos, nadie nos obliga. Sufrimos mucho, pero nos da muchas satisfacciones.

Diez años después, ¿es más fácil organizar Dock of the Bay?

Para los proyectos culturales independientes como el nuestro es difícil mantenerse. Hacer el propio festival es más caro; también hemos crecido, lo que lo encarece todavía más. Creo que la dificultad es la carencia en cultura de un apoyo fuerte, las ayudas tanto privadas como públicas se recortaron en 2013. No quiero ser ingrata, tenemos el apoyo de la Diputación, del Ayuntamiento y de marcas privadas que hacen un esfuerzo para que el festival siga adelante. Pero también es cierto que anualmente tenemos que buscar financiación, es nuestra mayor dedicación; por eso el festival a veces se ve amenazado.

¿Han pensado en arrojar la toalla?

No puedo dejar el festival, es como un hijo. Es un proyecto propio, lo pusimos en marcha Iban Lozano y yo. No solo es la dirección, también la concepción, pensarlo desde dentro. No puedo desvincularme. Somos un grupo reducido y sale adelante por la implicación de todos. Para nosotros es una actividad profesional, no amateur.