María SUÁREZ
LONDRES

El Gobierno británico hace historia al iniciar su salida de la UE

La entrega del sobre con la notificación de Theresa May estrenando el artículo 50 del Tratado de Lisboa acaba con 44 años de relación de la UE con un estado que desde el principio mostró poco entusiasmo con el proyecto comunitario. La cuenta atrás ya ha comenzado y el 29 de marzo de 2019 Reino Unido estará oficialmente fuera de la UE.

El divorcio ya está en marcha. Puntual, a las 13.20 (hora de Euskadi), el embajador de Gran Bretaña para la Unión Europea, Tim Barrow, entregó la carta que contenía la notificación de Theresa May sobre la activación del artículo 50 del Tratado de Lisboa. Seis páginas de documento que viajaron hasta Bruselas en el tren Eurostar entre importantes medidas de seguridad. La imagen del presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, recibiendo el sobre de manos del representante británico quedará para la Historia, así como el propio contenido de la carta.

La notificación de la activación del artículo 50 aparecía en la primera página, rodeada de calificativos hacia la UE como «aliados», «compañeros» o «amigos». Había que leer más para encontrar elementos de amenaza en caso de no llegar a un acuerdo. En términos de seguridad, el fracaso en las negociaciones implicaría el «debilitamiento de las aportaciones» del Estado en materia de seguridad, lucha contra el crimen o «terrorismo». Un órdago al que Europa deberá dar respuesta en el transcurso de las negociaciones.

A partir de ahora, lo que viene a continuación es inédito porque jamás se ha experimentado antes algo así. Gran Bretaña es el primer país que abandona la UE, en la que se integró hace 44 años sin demasiado entusiasmo. «Estamos dentro, pero sin fuegos artificiales», rezaba el titular de “The Guardian” el 1 de enero de 1973, cuando Reino Unido se integró en el bloque.

Sin vuelta atrás

Paralelamente a la entrega de la simbólica carta, la primera ministra, Theresa May, comparecía en el Parlamento para dar cuenta de que el proceso calificado de «histórico» estaba en marcha. Un trayecto «que no tiene vuelta atrás» y que culminará el 29 de marzo de 2019. La primera ministra admitía, no obstante, que habrá consecuencias. «Entendemos que perderemos influencia sobre las normas que afectan a la economía europea. Pero lo aceptamos», reconoció en un discurso interrumpido por las sonoras risas de la oposición cuando afirmó que «en este momento necesitamos los valores democráticos de Europa».

Desde la oposición, Jeremy Corbyn se centró en tratar de vislumbrar los planes del Gobierno para materializar el Brexit. Unos planes «imprudentes y dañinos», aseguró el líder del Partido Laborista, quien instó a May a garantizar los derechos de los trabajadores. «La primera ministra debe representar al conjunto del país, no sólo a la línea dura conservadora», espetó.

Como Jeremy Corbyn, hasta ciento treinta y un diputados y diputadas optaron por formular preguntas o realizar aportaciones y comentarios a una sesión que se prolongó durante más de tres horas. Toda una tarde en la que no sólo en el Parlamento se materializaron las tristezas y alegrías de según qué segmentos de población.

Fuera, en las inmediaciones de Westminster, los carteles de quienes protestaban por el Brexit se alzaban detrás de las cámaras de decenas de medios que cubrieron en directo la jornada y con las flores que todavía recuerdan el atentado de la semana pasada a pocos metros. Una estampa que resumía la rapidez de los eventos que están teniendo lugar en Gran Bretaña en tan poco lapso de tiempo.

Entre los que compartían la reflexión de Donald Tusk de que «no es un día para la celebración» se encuentra Nicola Sturgeon. La ministra principal escocesa, que acudirá esta semana a Londres con su propuesta de referéndum de independencia legitimada por el Parlamento de Edimburgo, calificó de «salto al vacío» la activación del artículo 50 del tratado de Lisboa. Theresa May había hecho hincapié en la necesidad de unidad entre los territorios para alcanzar el mejor de los acuerdos posibles. El líder del Partido Nacional Escocés (SNP) Angus Robertson aprovechó para recordar que la primera ministra «había mentido» cuando dijo que activaría el artículo 50 tras alcanzar un consenso con todos los territorios.

Gran Bretaña entra ahora en un proceso de negociación, sobre el que también hay muchas dudas. El Gobierno británico quiere negociar de manera prioritaria la situación en la que quedarán los ciudadanos europeos, a quienes se ha negado a garantizar de manera unilateral sus derechos en el país para presionar a Bruselas a que haga lo propio con los británicos expatriados.

Otra de las prioridades en las conversaciones es la factura de unos 60.000 millones de euros que Bruselas podría reclamar al Ejecutivo de May por los compromisos adquiridos durante estos años.

Líneas rojas

Aunque las negociaciones se alargarán durante setecientos treinta días, Europa quiere comenzar lo antes posible. Por eso, este viernes el presidente del Consejo Europeo Donald Tusk publicará las directrices de negociación con Gran Bretaña, líneas rojas que posteriormente deberán de ser aprobadas por los jefes de Estado y de Gobierno de los respectivos estados miembros –a excepción de Theresa May– en una cumbre extraordinaria el próximo 29 de abril.

Asimismo, los grupos mayoritarios de la Eurocámara reclamarán que Gran Bretaña corra con los costes del Brexit, además de un acuerdo fronterizo especial para el norte de Irlanda y la prohibición de acuerdos bilaterales entre Londres y sus antiguos socios de la UE. Todos estos puntos se votarán en pleno la próxima semana.

Mientras tanto, más de mil seiscientos funcionarios del departamento de «Salida de la Unión Europea» y el de Comercio Internacional –que May creó precisamente para lidiar con este proceso– trabajarán intensamente desde sus oficinas aledañas al edificio de Downing Street en la avenida de Whitehall para identificar y analizar las más de veinte mil leyes europeas que Gran Bretaña ha adoptado durante estas cuatro décadas en el club.

Berlín y París rechazan una negociación paralela sobre la futura relación con Londres

La activación oficial del artículo 50 del Tratado de Lisboa por Reino Unido fue acogido con tristeza en el seno de las instituciones comunitarias pero también con firmeza por sus hasta ahora socios en la UE, que rechazan las pretensiones de Londres de negociar a la carta este divorcio.

La canciller alemana, Angela Merkel, deseó que Londres siga siendo un «socio cercano» de la UE y aseguró que el bloque comunitario afrontará una negociación «justa y equilibrada», que espera también por parte del Gobierno británico. No obstante, subrayó que las conversaciones sobre la futura relación entre Reino Unido y la UE solo se acometerán una vez completado el Brexit, rechazando de plano la idea de la primera ministra británica, Theresa May, de una negociación paralela para «acordar los términos de la futura relación junto con los de la retirada de la UE», como señala en su carta.

En similares términos, el ministro de Exteriores francés, Jean-Marc Ayrault, dejó claro que las negociaciones entre Bruselas y Londres sobre su futura relación solo podrán llevarse a cabo una vez haya concluido el proceso de Brexit en un plazo de dos años. El presidente francés, François Hollande, señaló que el «irreversible» Brexit «será doloroso» para los británicos.

También la Eurocámara lo descartó.

Tras recibir la petición formal de divorcio de Londres, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, dijo que no es «un día feliz» ni para Reino Unido ni para la UE, donde «ya echamos de menos» al socio británico. Abogó por un Brexit ordenado y no traumático que proteja los intereses de los Veintisiete minimizando los costes de la desconexión para los ciudadanos, empresas y miembros, y subrayó el compromiso de unidad a la hora de encarar la negociación.GARA

Mención especial al norte de Irlanda en la carta de divorcio de Theresa May

«La activación del artículo 50 del Tratado de Lisboa es un desastre para Irlanda tanto en su vertiente política, como social y económica». La líder del Sinn Féin en el norte de Irlanda, Michelle O'Neill, no dudó en expresar abiertamente sus preocupaciones sobre el posible retorno a los controles en las fronteras, tras tener constancia del inicio oficial de separación de la UE.

En la sesión parlamentaria de Westminster, la primera ministra, Theresa May, aprovechó para reiterar ante una pregunta del diputado unionista Danny Kinahan que «nadie desea volver a fronteras del pasado» y recalcó el compromiso del Gobierno británico de cara a «defender y proteger los intereses» del territorio. En ese sentido, la misiva entregada ayer a Donald Tusk, incluía un capítulo especial en el que se explica el objetivo necesario para que el norte de Irlanda continúe con una frontera abierta de cara a evitar barreras del pasado y respetar así los Acuerdos de Viernes Santo.

Asimismo, en la misiva, Theresa May expresa su confianza sobre la posibilidad de aumentar las competencias de territorios como el norte de Irlanda, Gales o Escocia una vez se hayan devuelto poderes que hasta ahora gestionaba Bruselas. Aunque para que ello finalice de manera satisfactoria, la primera ministra británica aprovechó para instar al norte de Irlanda a que forme Gobierno «cuanto antes» para que su voz pueda ser escuchada en Europa, a donde recordaba «llegará como parte de Reino Unido».M.S.