A acreedor despiadado, deudor desesperado
Después de su paso triunfal por plazas tan distinguidas como el Festival de Lieja, o el de Mérida, o el de Huelva, la ópera prima de Rodrigo Rivas está a punto para su recorrido comercial, el cual empieza hoy mismo. Ante nosotros, otra cinta española con el dinero como –sucio– combustible de una trama rica en giros argumentales y estallidos más o menos violentos. El thriller castizo pretende así alargar el idilio con el público. La táctica en esta ocasión es añadir a la fórmula habitual unas cuantas cucharadas de drama social.
Con la crisis topamos... una vez más. Con esa condición universal contraída con cada préstamo, hipoteca u otros pactos con el diablo. En cristiano: ante la imposibilidad de satisfacer las necesidades de los acreedores, el deudor tiene que responder con todos sus bienes. Presentes y futuros. Así de ahogada se ve Mara, la protagonista de esta historia, la cual va a comprender, a las malas, aquello de que «a tiempos desesperados, medidas desesperadas».
Así va a empezar su particular descenso a los infiernos de la miseria humana, calculada esta no con los ceros en la cuenta corriente, sino en comprobar hasta dónde estamos dispuestos a llegar para defender lo nuestro.

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