La basura tecnológica del primer mundo contamina la sangre de los africanos
La sangre de los africanos que llegan a Canarias está contaminada por vanadio, aluminio, plomo... a niveles desconocidos en Occidente. Es el rastro de la basura tecnológica que enviamos a África.

Un informe del Banco Mundial pone de relieve que cualquier instituto de Secundaria del primer mundo tiene más ordenadores que todos los hogares juntos de una sola ciudad importante de Sierra Leona o Guinea Bissau. ¿Cómo es posible entonces que las concentraciones en sangre de metales tóxicos presentes en la alta tecnología estén al nivel del mundo rico o, incluso, como el vanadio, en cotas solo observadas entre los obreros de una factoría austríaca de ese metal?
Esta una de las paradojas que diez investigadores de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) y el Hospital Insular abordan en el estudio que acaban de publicar en la revista ‘‘Environmental Pollution’’ sobre los metales tóxicos en la sangre de los africanos que han llegado en los últimos años en patera al archipiélago.
A falta de estudios realizados en los propios países de origen, los científicos de estas dos instituciones analizaron para ello la sangre de 245 inmigrantes de 16 países del continente.
Los análisis de laboratorio detectaron que tres elementos concretos (aluminio, arsénico y vanadio) estaban en la sangre del 100% de los sujetos del estudio, procedieran del país que procedieran, y que otros metales, como el cromo, el mercurio y el plomo, podían encontrarse en más del 90% de los casos.
El aluminio, presente en sus cuerpos a niveles diez o quince veces superiores a los de los países desarrollados, se atribuye a la gran cantidad de cacharros de ese metal que se utilizan en África para cocinar. El plomo, encontrado en la mitad de los candidatos a niveles muy superiores a los que puede presentar un estadounidense, un japonés o un europeo, se relaciona con la falta de control de la cañerías de plomo y de las pinturas obsoletas.
El resto de los 12 metales examinados guardan relación con componentes de móviles, ordenadores, tabletas, circuitos de electrodomésticos... y están en la sangre de los africanos a niveles comparables a los de cualquier país del primer mundo (con la salvedad del vanadio, en dosis muy superiores), cuando la penetración de esas tecnologías en el continente es muy inferior a la de Norteamérica, la UE o Japón.
Se calcula que el 80% de la «basura tecnológica» que genera el primer mundo se envía a África, tanto para abastecerla con modelos de segunda mano, muchas veces obsoletos y de vida muy corta, como para nutrir cadenas de reciclaje «informales» (insalubres o ilegales). El estudio recomienda finalmente hacer un mayor seguimiento de este tipo de contaminantes, porque «comportan un enorme riesgo, sobre todo para los niños», y porque «es bien sabido que la polución no respeta fronteras».

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