El actor que quería ser director y su familia numerosa en una docuficción

El actor Gustavo Salmerón está paseando su primer largometraje como director por los festivales de medio mundo: Toronto, Mar del Plata, Zurich, Estocolomo o Karlovy Vary. En este último ganó el premio al Mejor Documental, a pesar de que encuadrar su ópera prima en dicho género es decir demasiado, porque se trata más bien de una docuficción o película casera. Guarda no pocos puntos de contacto con el díptico de Paco León formado por “Carmina o Revienta” (2012) y “Carmina y amén” (2014), dentro de una especie de competición por ver cuál de los dos actores metidos a directores tiene la madre más excéntrica como fuente de inspiración.
Pero en el caso de Salmerón la excentricidad innata se extiende a toda la familia al completo, con lo que su hogar viene a ser una casa de locos. Baste indicar que el punto de partida para el proyecto fue la celebración de la matanza de un cerdo de 250 kilos que tenían como mascota. La matriarca de los Salmerón tiene Diógenes, así que hace convivir a los suyos con montones de objetos a cada cual más singular, como reliquias familiares consistentes en las vertebras de los antepasados. O eso, o les embarca en sus particulares delirios, ya que desde niña tuvo el triple sueño que indica el título. Hacerse con el mono e ir aumentado la prole no le fue tan difícil, pero para comprar el castillo tuvo que llegar a cobrar una herencia inesperada.
Todas estas anécdotas se suceden a modo de colección de videos caseros, ya que Gustavo Salmerón grabó las imágenes en plan amateur con una cámara mini DV de las que ya no se utilizan, menos aún en el cine profesional o de distribución comercial. A su favor contaba con la familiaridad y confianza de su reparto no profesional, que parece mostrarse tal cual es ante un objetivo invisible.

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