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El diálogo sirio en Sochi nace cojo mientras Erdogan sigue inflexible

El Congreso del Diálogo Nacional Sirio que arrancará hoy en Sochi parece condenado al fracaso incluso antes de empezar, entre otras cosas por el boicot de la Comisión Suprema para las Negociaciones (CSN), principal grupo opositor, y el escaso respaldo de Washington o París. Los kurdos no acudirán debido a la ofensiva militar turca sobre Afrin.

El Congreso del Diálogo Nacional Sirio, una iniciativa personal del presidente ruso, Vladimir Putin, apoyada por Teherán y Ankara para poner en marcha un nuevo formato de diálogo político en Siria, arranca hoy cojo en Sochi, mientras Turquía, con sus aliados sirios, se mantiene inflexible en su ofensiva aérea y terrestre sobre el enclave kurdo de Afrin y con intención de extender su operación militar más allá, a Minbej.

Lejos de saludar la conferencia, el principal grupo opositor a Bashar al-Assad, la CSN, acusó ayer a Rusia de torpedear el diálogo político y de apostar por la guerra para acabar por la fuerza con la oposición sobre el terreno, por lo que se niega a enviar una delegación a Sochi al considerar que el nuevo formato pretende sustituir al proceso de Ginebra, auspiciado por la ONU.

El Ministerio de Exteriores ruso respondió que el boicot de la CSN evidencia su falta de voluntad de negociar y de querer solo derrocar a Al-Assad.

Tampoco acudirá la principal fuerza política kurdosiria, el Partido de la Unión Democrática (PYD), que acusa al Kremlin de permitir la ofensiva contra Afrin, zona fronteriza controlada por las milicias kurdas de las Unidades de Protección del Pueblo (YPG). El sábado, el Kremlin anunció la participación kurda, sin precisar más, pero ayer, las autoridades kurdas aseguraron que no irán al continuar la ofensiva turca. «Turquía y Rusia son los garantes de Sochi y se pusieron de acuerdo sobre Afrin, lo que contradice el principio de diálogo político», aseguraron.

El Congreso es la continuación política del proceso de Astaná, del que salió la tregua entre el Gobierno sirio, apoyado por Rusia e Irán, y la oposición armada respaldada por Turquía, que se muestra inflexible en su ofensiva militar.

Ankara anunció ayer la captura –la más importante desde el inicio de la operación– del «estratégico» monte Barsaya, en el noroeste de Afrin, por fuerzas especiales turcas y los rebeldes sirios armados por Turquía tras nueve días de feroz resistencia y clima adverso e intensos ataques aéreos desde el amanecer.

Pese a la creciente tensión entre Washington, aliado de las YPG, y Ankara, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, aseguró estar decidido a extender su ofensiva hacia el este, incluido Minbej, donde EEUU tiene soldados desplegados y de donde le ha instado a sacarlos.

«Los terroristas no podrán escapar del doloroso final que les espera, ni en Afrin ni en Minbej», insistió ayer. «La frontera (con Siria) será limpiada», dijo.

Sobre el terreno, los bombardeos de artillería y cazas turcos eran mayores que en días anteriores y seguían a última hora.

 

Alerta máxima en Kabul tras el ataque con más de 1oo muertos

Kabul seguía en alerta máxima un día después de uno de los atentados más mortífero de los últimos años que dejó al menos 103 muertos y 200 heridos, según el último balance tras la muerte de ocho de los heridos en estado crítico, mientras aumentaba el enfado de la población tras el segundo ataque en la capital afgana –tercero en el país– en una semana. El país se encuentra en alerta máxima desde hace diez días.

La capital afgana se replegó de forma espontánea y ayer reinaba una inusual calma para un día laborable. El tráfico era muy fluido en comparación con los atascos habituales y las aceras estaban vacías, pero se reforzó la cantidad de policías en los puestos de control.

La explosión de una ambulancia bomba el sábado, asumida por los talibanes, sembró pánico y terror en un barrio muy concurrido que se supone de los más protegidos de Kabul al albergar numerosas instituciones, entre ellas el antiguo Ministerio del Interior, una delegación de la UE, el centro de secundaria de chicas Malalai, la oficina del Alto Consejo para la Paz y las embajadas de India y Suecia.

Según una alerta de seguridad emitida ayer, el ISIS –que reivindicó el atentado contra la sede de Save the Children del miércoles– planeaba atacar supermercados y tiendas en Kabul frecuentados por extranjeros, blanco habitual de las amenazas. Además, la mayoría de embajadas y la sede de la ONU están en «lock down», confinamiento sin salidas.GARA