«The New York Times» aborda el lucrativo mercado de compra de seguidores en Twitter
«The New York Times» ha publicado un reportaje titulado «La fábrica de seguidores» basado en la trastienda poco conocida y muy lucrativa de la compra de seguidores en redes sociales como Twitter.

Si pasado ayer fue el rotativo “The Washington Post” el diario que acaparó gran interés tras revelar las consecuencias militares de los mapas de calor de la red social Strava, ayer el rotativo “The New York Times” sacó a relucir la cara oscura de Twitter a través de un reportaje firmado por Nicholas Confessore, Gabriel J.X. Dance, Richard Harris y Mark Hansen.
Titulado “La fábrica de seguidores”, este extenso trabajo disecciona el mercado de la compra de seguidores en Twitter y quiénes están detrás. Precios, destinatarios, identidades robadas y demás engranajes poco clarificados resumen la sala de máquinas de un negocio poco trasparente y muy lucrativo.
La compra de seguidores de forma masiva se ha convertido en un negocio muy lucrativo en un universo virtual en el que mediante una pequeña inversión de un centavo se consigue un seguidor. Según publica “The New York Times”, actores, modelos, atletas, presentadores de televisión y políticos se han hecho con los servicios de Devumi, empresa que se dedica a comprar perfiles falsos al por mayor y vendérselos a sus clientes (más de 200.000).
Bots lucrativos
El diario neoyorquino revela cómo se crean estas cuentas automatizadas que, en muchas ocasiones, no son más que la usurpación de la personalidad de alguien real mediante el robo de una fotografía de un perfil que, convenientemente manipulado, da como resultado otro perfil “nuevo”. Devumi pasa por ser una de las empresas pioneras en este mercado de compraventa de seguidores y a la que los autores del reportaje acusan de usar unas 3,5 millones de cuentas automatizadas de las cuales una parte son duplicadas de perfiles reales; según la investigación, al menos 55.000 de las cuentas controladas por Devumi serían duplicados.
El reportaje también afirma que casi el 15% de los usuarios de Twitter, unos 48 millones, son cuentas automatizadas. El negocio real de esta ficción se encuentra en el precio, el volumen y la laguna legal que existe al respecto. Según los firmantes del reportaje «por solo unos centavos de dólar por cada uno, a veces incluso por menos, Devumi ofrece seguidores de Twitter, visitas en YouTube, reproducciones en SoundCloud y recomendaciones en LinkedIn».
En cuanto a los datos que pone de manifiesto “La fábrica de seguidores”, un influencer con 100.000 seguidores puede ganar fácilmente 2.000 dólares por un tuit promocionado y alguien con 1 millón de seguidores, 20.000 dólares.

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