Sin precio
Dos millones de libras fue lo que pagó por Corsica el Reino Francia y de Navarra a la República genovesa en 1768. Desde entonces, la isla es propiedad francesa. Así lo ha hecho saber Macron esta pasada semana en su primera visita como Jefe de Estado a un territorio donde los soberanistas arrasaron en las últimas elecciones con propuestas como la oficialidad del idioma corso o la de mayor autonomía. Rodeado de banderas tricolor, Macron respondió que no a todo, porque no sólo la isla es propiedad francesa, sus habitantes también; voten lo que voten, París, como titular, decide.
Y lo hace también aquí, territorio que está reconvirtiendo en resort vacacional sin importarle el precio. Una consultoría parisina acaba de tasar Ipar Euskal Herria en 214 mil millones de euros. Aseguran haber calculado el valor de sus infraestructuras, de su equipamiento, de su industria e incluso de su patrimonio. Pero seguro que no han estimado el valor ni de nuestra lengua ni de nuestra cultura, porque ellos –como la mayoría de franceses que según “Le Figaro” han aplaudido el mensaje de Macron en Corsica– no les tienen ningún aprecio. Sin embargo, en este gran mercado en el que todo se compra y todo se vende, para nosotros, para los corsos o los catalanes, nuestro idioma, nuestra Historia y nuestra singularidad, no tienen precio.

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