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KUWAIT

El desafío turco y la Europa de la Defensa ensombrecen la cumbre de la OTAN

La ofensiva de Turquía, segunda potencia militar de la OTAN, en el norte de Siria contra las fuerzas kurdas –aliadas de Washington– fue uno de los objetos de discusión en la reunión ministerial de esta alianza militar. Su secretario general, Jens Stoltenberg, insistió a Ankara a actuar «de manera proporcionada» y reconoció sus «inquietudes en materia de seguridad».

El secretario de Estado de EEUU, Rex Tillerson, advirtió de que esta operación debilita la lucha contra el Estado Islámico (ISIS). «La ofensiva ha desviado el combate contra el ISIS en el este de Siria ya que las fuerzas kurdas se han dirigido hacia Afrin», afirmó Tillerson. «Estamos en contacto con nuestro aliado en la OTAN, Turquía, y pensamos que es importante que los turcos sean conscientes del efecto sobre nuestra principal misión, vencer al ISIS», añadió.

Turquía, por su parte, expresó «enérgicamente sus preocupaciones sobre la situación en el norte de Siria», según Stoltenberg, que celebró que «Turquía y EEUU [hayan hablado] directamente» tras días de tensión, si bien la reunión, en la que el secretario de Defensa, Jim Mattis, recibió fríamente a su par turco Nurettin Canikli, terminó sin declaraciones.

Por otra parte, Stoltenberg intentó aplacar los recelos estadounidenses sobre los planes de defensa de la UE, asegurando que podrían contribuir a una de las demandas de Washington: un mayor reparto del gasto militar en la Alianza.

Washington ha redoblado su presión sobre sus aliados de la OTAN para que aumenten al 2% del PIB nacional su gasto militar antes de 2024. Ocho aliados podrían cumplir en 2018 el compromiso y «al menos 15» en 2024, apuntó Stoltenberg, pero «todavía queda mucho por hacer», añadió, asegurando que se necesita «más dinero, más capacidades y más contribuciones».

Pese a que el gasto militar no ha dejado de aumentar en los últimos tres años entre los aliados de la OTAN en conjunto, el secretario de Defensa estadounidense Jim Mattis no bajó la presión durante su encuentro con sus homólogos.

«EEUU no se mordió la lengua durante la discusión y esto no fue agradable para algunos», explicó uno de los ministros presentes, que pidió el anonimato.

Washington teme que el impulso de la UE a la llamada Cooperación Estructurada Permanente y el Fondo Europeo de Defensa suponga el cierre de los mercados europeos para su industria militar.