Mikel INSAUSTI
LA ÚLTIMA BANDERA

El tema de los veteranos de guerra ya colea demasiado en los Estados Unidos

En defensa de Richard Linklater hay que decir que “Last Flag Flying” es un viejo proyecto, y que se ha pasado más de una década esperando el momento oportuno para ponerlo en marcha, a fin de tener la perspectiva histórica suficiente con respecto a la campaña de Irak, ya que el argumento se sitúa en el 2003 con el derrocamiento de Saddam Hussein. Pero lo cierto es que el estreno de la película llega en plena era Trump, con la cartelera estadounidense saturada de títulos patrióticos sobre veteranos y héroes de guerra, por lo que el nuevo trabajo de Richard Linklater va a pasar mucho más desapercibido que otros suyos, sin el interés del público mayoritario y sin el apoyo de la crítica local e internacional.

De todas formas no se le puede negar a “Last Flag Flying” el punto cinéfilo de todo lo que hace Richard Linklater, porque en la escritura del guion ha intervenido directamente el autor de la novela Darryl Ponicsan, y este concibió el libro como una continuación o secuela tardía del texto que ya fue llevado a la pantalla en el clásico “El último deber” (1973), donde Hal Ashby dirigió al trío estelar formado por Jack Nicholson, Randy Quaid y el afroamericano Otis Young. La secuela literaria, y la cinematográfica por extensión, mantienen la estructura original de historia itinerante de ambiente militar.

La intención de “Last Flag Flying” es la de unir la coyuntura reciente con la de su precedente, poniendo en contacto así la generación de los veteranos de Vietnam con la de los de Irak. El motivo por el que se reúnen de nuevo los tres antiguos combatientes, ahora interpretados por Bryan Cranston, Steve Carell y Laurence Fishburne, es que el hijo del segundo de ellos ha fallecido en el frente durante una incursión en terrotorio iraquí. El entierro del joven supondrá otro duro golpe para unos patriotas cotntrariados por la política exterior de su gobierno.