«Maria Callas modernizó el bel canto porque resolvió regresar a su esencia»
Nacido en 1984, ha trabajado como fotógrafo, comisario de exposiciones y responsable de comunicación audiovisual para algunas destacadas firmas de moda y para el prestigioso Théâtre du Châtelet de París. Hace cinco años lo abandonó todo para dedicarse en cuerpo y alma a «Maria by Callas», un proyecto transmedia consagrado a profundizar en el legado, artístico y humano, de la gran soprano.

El 16 de septiembre de 1977, Maria Callas moría en su apartamento de París a los 53 años. Tom Wolf, que por aquél entonces ni había nacido, tenía apenas 27 cuando accedió a una vieja grabación en la que la Callas atacaba una de sus famosas arias con la sensibilidad que acostumbraba. El impacto fue inmediato. Desde ese momento, el joven realizador se puso manos a la obra para recolectar todos los testimonios gráficos, sonoros, escritos y audiovisuales que pudiera reunir sobre la cantante greco-americana, algo que le mantuvo ocupado durante cinco años viajando a lo largo y ancho del mundo. El resultado es “Maria by Callas”, un proyecto del que el documental que ahora se estrena en salas (tras su paso por el pasado Festival de Cannes) es solo una parte. Tres libros, una exposición y una colección de CD’s remasterizados completan esta ambiciosa celebración de su talento en el cuarenta aniversario de su muerte.
¿Cómo llega usted a la figura de Maria Callas? Porque usted pertenece a una generación cuyos referentes culturales son otros, ¿no?
Bueno, he de confesar que la realización de este proyecto, para mí, ha sido una especie de viaje de descubrimiento. Cuando tenía 28 años, que es cuando empecé con todo el proceso de documentación, realmente conocía muy pocas cosas acerca de Maria Callas. Obviamente sabía quién era y había oído hablar de ella porque su grandeza radica justamente ahí, en el hecho de que, a pesar de ser alguien que falleció hace más de cuarenta años, su fama ha trascendido generaciones. Son muchas las personas, de toda condición, a las que les suena este nombre pero ¿qué conocen realmente del personaje? Esa fue la pregunta que me llevó a embarcarme en la realización de esta película. Mi objetivo fue acercar a la Callas a las nuevas generaciones buscando aquellos puntos de interés que su figura pudiera suscitar en un público amplio y heterogéneo, y no solamente entre los amantes del bel canto.
Sorprende la gran cantidad de material inédito que ha conseguido reunir para la película. ¿Fue muy arduo el proceso de documentación y la selección de materiales?
Fue un trabajo que nos ocupó durante más de tres años y que nos hizo recorrer diversos países. Acudimos a quienes habían sido sus amigos más íntimos y a sus descendientes, que nos facilitaron correspondencia y nos aportaron información adicional. Después buceamos en los archivos de toda clase de instituciones, en colecciones públicas y privadas. Al final nos encontramos con más de cuarenta horas de material y el desafío que se nos planteó fue cómo reducir todo eso a algo menos de dos horas en la sala de montaje. Pero, finalmente, todo lo que está en la película creo que representa de manera muy exacta lo que fue Maria Callas en su doble condición de mujer y artista.
Usted ofrece un perfil dual de la Callas, el de una mujer aparentemente segura de sí misma que, sin embargo, oculta un temperamento extremadamente vulnerable. ¿Cómo justifica esa paradoja?
Si algo me he impuesto como director es omitir, en todo momento, mi punto de vista. Yo no he hecho esta película para explicar a Maria Callas sino para que sea ella la que se explique a sí misma. Son sus propias palabras las que confieren sentido al film, que es un retrato de la Callas en primera persona. Del mismo modo que ella se definía como una profesional al servicio del genio de los más grandes compositores, yo me puse al servicio de Maria Callas sin entrar a juzgarla ni a valorar sus palabras. Me he limitado a rescatarlas y a ofrecérselas al espectador. En este sentido, poco puedo añadir sobre ella más allá de lo que se ve en la película y lo que se ve es, efectivamente, una mujer que, en un momento dado, dice de sí misma “todo el mundo se cree que soy una mujer fuerte pero, en el fondo, disto mucho de serlo”. A pesar de toda su grandeza y de toda su fama, su estado de ánimo pendía de un hilo.
¿Entonces diría que la Callas que aparecía sobre el escenario era una proyección de su personalidad fuera del mismo?
Yo creo que es muy difícil disociar su persona de su personalidad como intérprete. Esa vulnerabilidad que mostraba en su vida privada se ve en su manera de interpretar. Cuando escuchas a la Callas estás sintiendo a Maria, a alguien cuya extrema fragilidad se proyecta en cada uno de los papeles que interpretó. Cuando la oyes cantar “Norma” te entran ganas de llorar precisamente porque intuyes que te está transmitiendo una tristeza que no es la del personaje, sino la suya.
Entonces esa frase que ella pronuncia al inicio del film reconociendo su dificultad para ser Maria siendo, como es a ojos de todo el mundo, la Callas, ¿fue su punto de inspiración para conseguir hilvanar el relato?
En cierto modo sí. Fue una declaración que le hizo al periodista David Frost durante una entrevista televisiva que, en su día, fue muy comentada pero que, incomprensiblemente, había estado perdida durante cincuenta años. Sus respuestas fueron bastante reveladoras para mí. En ellas Maria Callas se sincera como pocas veces lo hizo, evidenciando la clase de mujer que había detrás del mito. Fue por eso que decidí adoptar esa entrevista como una suerte de hilo conductor, volviendo a ella una y otra vez a lo largo de la película y estructurando el relato como un gran flashback en torno a dicha conversación.
Sin embargo, pese a su deseo de confiar única y exclusivamente en las palabras de Maria Callas para armar el relato, hay un momento en el que lleva a cabo una concesión dejando que se cuele en la película el testimonio de Elvira De Hidalgo, su maestra de canto. ¿Por qué tomó esta decisión?
Es cierto que ese testimonio es una anomalía, pero fue su carácter verdaderamente excepcional lo que me llevó a incluirlo. Cuando nos estuvimos documentando accedimos a muchas cartas que Maria Callas le dirigió a Elvira transmitiéndole su sufrimiento en los momentos más difíciles de su vida, como cuando Onassis se casó, por sorpresa, con Jackie Kennedy. Una vez optamos por incluir esos testimonios en la película, divulgando esas palabras escritas por Maria mediante una voz en off, nos pareció una decisión acertada que el espectador pudiera poner rostro a la destinataria de esas misivas. Más allá de haber sido su maestra en el Conservatorio, Elvira de Hidalgo fue como una segunda madre para Maria Callas, siempre acudía a ella buscando consuelo y consejo. Por eso me interesaba que su figura estuviera presente, porque actúa como intermediaria entre Maria Callas y el espectador.
Una de las cosas que más llama la atención es comprobar cómo Maria Callas fue la primera cantante lírica en convertirse en una suerte de icono pop. ¿Cree que este hecho ha contribuido a perpetuar su legado?
Yo creo que sí, siempre y cuando asumamos el término “pop” en su acepción original, es decir, como sinónimo de popular. Es curioso porque la ópera, en sus orígenes, nunca fue una manifestación cultural que revistiera un carácter elitista, más bien al contrario, era un arte pensado para enardecer al gran público, a las clases populares. Yo creo que el gran acierto de Maria Callas fue despojar al bel canto de esa pátina de exclusivismo y volver a poner el foco sobre un repertorio abiertamente popular interpretándolo de una manera moderna. Eso fue lo que la convirtió en una pop star hasta el punto de conseguir que muchos jóvenes de veinte o treinta años, sin ninguna vinculación con el mundo operístico, hiciesen colas para asistir a sus recitales. Su trascendencia, en ese sentido, llega hasta nuestros días. Actualmente mucha gente no escucha música clásica, mucho menos ópera, pero sigue escuchando a la Callas.
¿Dónde cabe localizar su modernidad como intérprete?
Fundamentalmente en su singularidad. Cuando Donizetti, Rossini, Bellini y Verdi compusieron sus grandes óperas lo hicieron para unas voces que manejaban un repertorio amplio pero que cantaban lo que componía un número limitado de compositores. Es decir, eran obras pensadas para la tesitura de un determinado tenor o de una determinada soprano, voces muy complejas, plenas de matices que, progresivamente, fueron desapareciendo de los escenarios hasta que llegó la Callas. Ella fue la encargada de resucitar una ópera como “Norma” que hacía más de cien años que no se cantaba, precisamente por la singularidad que demandaba su ejecución. Maria Callas modernizó el bel canto precisamente porque resolvió regresar a su esencia, a sus orígenes.

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