Koldo LANDALUZE
CRÍTICA «Lean on Pete»

Huyendo de los espacios abiertos

El talento del cineasta británico Andrew Haigh se resume en la naturalidad con la que retrata a sus personajes. Dentro de esta aparente sencillez se oculta una gran pericia a la hora de colocar la cámara a distancia prudente y, sobre todo, subrayar la potencia emocional del reparto. El cineasta británico ha desembarcado en suelo estadounidense con un proyecto readecuado a su discurso. Lejos de plegarse a la Industria, Haigh desarrolla desde su propio prisma un viaje iniciático cuya apariencia de western no es más que un mero espejismo, ya que en todo momento el cineasta reniega de cualquier atisbo mitómano a la hora de adentrarse en una escenografía y personajes que, con toda probabilidad, le resultan muy extraños. Por contra, lo que topamos en las entrañas de “Lean on Pete” es un ejercicio íntimo en el que los grandes espacios son –al contrario de lo que suele ocurrir en los westerns– el lugar del cual se huye.

De esta forma el oeste figura como el punto de partida y el este como el ansiado cobijo que busca el joven protagonista –encarnado con gran brillantez por Charlie Plummer– tras la muerte de su padre.

Habitado por personajes de corte crepuscular, el filme recrea un viaje a través del desierto de Oregón compartido por un adolescente y un viejo caballo de carreras. Una huida hacia adelante que viene dictada por la condena a ser sacrificado que pesa sobre el animal. Siguiendo el ritmo de balada que nace del original literario firmado por el músico y escritor Willy Vlautin, “Lean on Pete” nos traslada a unos Estados Unidos marcados por el desencanto que queda reflejado a la perfección en la castigada figura del personaje encarnado por Steve Buscemi.

A modo de luz que asoma de entre este paisaje sombrío y abocado a la desesperanza, emerge la presencia de una Chloë Sevigny que transmite el sosiego que requiere una ruta de estas características.