2018/07/22

El PP se escora a la derecha y da la batuta a Casado, discípulo de Aznar

Con mayor holgura de la inicialmente prevista, Pablo Casado se impuso ayer a Soraya Sáenz de Santamaría en la pugna por el control del PP. El principal partido conservador de España confirma así su escoramiento a la derecha, otorgando el mando al candidato que con menos complejos enarboló el discurso nacionalista y socialmente retrógrado.

Beñat ZALDUA|DONOSTIA
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Si, tal y como había sido presentado en muchos foros, el congreso del PP trataba de dirimir la eterna pugna entre José María Aznar y su sucesor, Mariano Rajoy, el vencedor ayer en Madrid fue claramente el primero de ellos. Pablo Casado se impuso con mayor holgura de la esperada –un 57% de los votos– a Soraya Sáenz de Santamaría en la pugna por gobernar el PP, y aunque no sabemos si Aznar volverá de su mano a primera línea, la aznaridad, esa forma soberbia y desacomplejada de entender y hacer política inmejorablemente bautizada por el añorado Manuel Vázquez Montalbán, vuelve a llamar a la puerta.

A sus 37 años, y pese a tener como padrinos a Aznar y Esperanza Aguirre, líderes bajo los que floreció la corrupción que ahora se ha llevado por delante a Rajoy –ni una mención en todo el congreso–, Casado logró hacerse con el cartel de renovador. Incluso consiguió cierto aura de outsider, aprovechando que nadie apostaba por él cuando todo indicaba una pugna entre Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal. Evidentemente, no es ningún paracaidista, lleva el ADN del partido inyectado desde su militancia en Nuevas Generaciones, y conoce de primera mano los privilegios que promete combatir. Las serias sospechas acerca de la naturaleza de sus títulos académicos son buena muestra de ello. Una carpeta, por cierto, que sigue abierta y con la que el nuevo presidente del PP tendrá que lidiar en los próximos meses.

Las manchas en el currículum, sin embargo, no impidieron a los más de 3.000 compromisarios del PP identificarse mayoritariamente con Casado, frente a una Sáenz de Santamaría a la que nunca ha acabado de verse plenamente identificada con el partido, con cuyo aparato los choques han sido constantes en su paso por el Gobierno. La vicepresidenta no se bajó del trono institucional durante toda la campaña y ayer pagó la factura. Es probable que sea mucho mejor candidata que Casado para unas elecciones al Congreso, pero lo de ayer era una elección en el seno de un partido herido en su orgullo que todavía se lame las heridas de la inesperada moción de censura. Los compromisarios no hicieron más que confirmar el entierro de Rajoy oficiado la víspera. No fue un mal día para el PSOE.

El decálogo de lo que viene

«El PP ha vuelto», aseguró Casado en su primera intervención tras salir elegido. Ese regreso implica un desacomplejamiento del que el nuevo presidente del partido ha dado muestras sobradas en las últimas semanas de campaña, ya fuese con provocadoras visitas a Altsasu y a los sanfermines, arremetiendo contra el feminismo en nombre de la familia, proponiendo regresar a la Ley del aborto de 1985 o amenazando con convertir Catalunya entera en una Tabarnia. Sin despeinarse en ningún momento, ayer elevó a territorio político esta invención unionista. La alergia de Sáenz de Santamaría –anclada en la defensa de la gestión y la ley– al debate ideológico ha acabado dando alas al nuevo presidente de la formación azul.

Los planificados deslices pop de Casado –había que recordar que tiene 37 años– y un punto de frivolidad escalofriante –puede citar a Machado y arremeter contra la apertura de las fosas comunes de la Guerra del 36 en una misma mañana–, no esconden unas convicciones ideológicas ancladas muy lejos de lo que tiende a llamarse el centro. Casado llega con ganas de dar guerra en el terreno de la moral y los valores, aquel en el que la izquierda tiende a creerse inútilmente superior, aunque está por ver, desde luego, si el Casado que aspire a presidir el Gobierno español mantendrá un discurso tan escorado como el Casado que ha luchado con éxito por presidir el PP. El nuevo presidente del partido nunca ha tenido responsabilidades gubernamentales, aunque cabe recordar que fue jefe de gabinete del mismísimo Aznar.

Después de que la presidenta del congreso, Ana Pastor, oficializase unos resultados ya conocidos por todos, Casado volvió a tomar ayer la palabra para «enarbolar nuestras señas de identidad de siempre» y presentar algo parecido al decálogo con el que ocupará el despacho más importante de Génova. Son diez puntos de los cuales el primero no deja lugar a dudas: «Reforzar nuestra Constitución en vez de plantear abrirla en canal y reforzar el código penal para evitar cualquier desafío secesionista». Todo con el objetivo de «conectar con esa España de los balcones y las banderas que nos reclama seguir liderando la defensa de la unidad nacional».

Los dos siguientes puntos condensan también el ideario del nuevo presidente del PP, que apostó por «la competitividad de bajar impuestos» –habló directamente de suprimir los de patrimonio, donaciones y sucesiones– y prometió una «regeneración política». Pero no hablaba de corrupción sino de la regeneración «de verdad», que según él pasa por reformas electorales que, por ejemplo, otorguen una prima al partido más votado –recordó que el Congreso se puede ampliar constitucionalmente hasta los 400 miembros– para así «no depender de bisagras nacionalistas ni de cualquier otro partido que luego socave nuestros intereses electorales». Curiosa regeneración, desde luego.

 

Maroto formará parte de la nueva ejecutiva

No fue un gran día para el PP de la CAV, que en su gran mayoría apostó por Soraya Sáenz de Santamaría en la pugna por el control del partido. Al frente de este apoyo se había situado, además, el presidente de la formación en la CAV, Alfonso Alonso, que ayer hizo de la necesidad virtud y, después de dar la enhorabuena a Casado, consideró que «toca remar juntos para hacer del PP un proyecto ganador». Mensaje idéntico al del líder del partido en Araba, el senador Iñaki Oyarzábal, una de las caras que más se ha dejado ver junto a la exvicepresidenta durante las últimas semanas: «Ahora toca unir y fortalecer un proyecto ganador al servicio de España».

Muy distinta es la posición del vicesecretario de Política Social y Sectorial del PP, Javier Maroto, que se alineó junto a Casado desde el primer momento y al que ayer se pudo ver exultante en la recta final del recuento. Según la prensa madrileña, tiene un puesto asegurado en la nueva dirección que saldrá de este congreso.

También reinó la alegría en el PP navarro, que a principios de julio eligió como compromisario, entre otros, a un Jaime Ignacio del Burgo que, pese a no poder acudir al congreso por motivos de salud, se despachó sin reservas contra Sáenz de Santamaría en un artículo publicado en “La Razón” en su edición de ayer. Una vez conocidos los resultados de la votación, la presidenta del partido en Nafarroa, Ana Beltrán, mostró su satisfacción y consideró que con Casado «gana el PP y gana España».GARA

 

Soraya se muestra dispuesta a trabajar junto al nuevo líder

Soraya Sáenz de Santamaría señaló ayer, tras la elección de Pablo Casado como nuevo líder del PP, que «ahora hay que integrar y hay que trabajar juntos. Y yo lo voy a hacer».

Sáenz de Santamaría, en sus primeras declaraciones tras el triunfo de Casado en el XIX Congreso del PP, evitó, sin embargo, comentar si aceptaría ser su secretaria general.

«Yo no voy a aceptar nada hasta que no me lo propongan», resaltó, antes de hacer hincapié en que ahora todos deben descansar y Casado «tiene que tomarse su tiempo».

«Yo me he presentado por mi partido y seguiré trabajando para lo que sea mejor para mi partido», aseguró la derrotada en la votación de ayer, que añadió que respeta las reglas por las que Casado se impuso pese a quedar segundo en la votación directa de la afiliación. Junto a ello, señaló que «lo importante es que el PP sea un partido unido, fuerte y que cuide a su militancia» y valoró haber sido la candidata que más apoyo de la afiliación obtuvo.

Casado, por su parte, en una conversación informal con periodistas al término del congreso, señaló que «la integración será fácil» y añadió que no se marca plazos para mantener un encuentro con Sáenz de Santamaría ni para convocar una reunión del Comité Ejecutivo Nacional del PP.

A preguntas de los periodistas acerca de cuándo podrá verse con Sáenz de Santamaría, Casado indicó que ahora lo primero que quiera hacer es ver a sus hijos tras pasar varias semanas de campaña, en la que ha recorrido 22.000 kilómetros.

La intención de Casado es verse con Sáenz de Santamaría antes de convocar un Comité Ejecutivo Nacional que refrende la nueva estructura orgánica del partido, con el objetivo de consultarle qué personas de su equipo quiere incluir en la nueva dirección, según fuentes próximas al nuevo presidente del PP citadas por la agencia Europa Press.

De este modo, Casado querría cumplir lo manifestado en campaña en el sentido de que si vencía mantendría una firme apuesta por la integración.GARA

FELICITACIONES DE VOX


El presidente de Vox, Santiago Abascal, felicitó ayer mismo a Casado por su elección. «Si es capaz de cumplir con su discurso, tendremos algunos puntos de encuentro», consideró en una serie de mensajes en las redes sociales que concluyó con un «buenos días y fuera autonomías».

LEY ELECTORAL


En su primera intervención como presidente del PP, Pablo Casado propuso cambiar la Ley electoral para que, igual que en Grecia, el partido ganador de unas elecciones reciba un plus, «de manera que no dependamos de bisagras nacionalistas ni de otros partidos»

VICTORIA HOLGADA


Uno de los miedos de los dirigentes del PP era que la pugna por el partido se dirimiese por unas pocas decenas de votos. No ocurrió, ya que Casado logró 1.701 apoyos, 451 más que los 1.250 logrados por su contrincante, la exvicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría.