Mikel CHAMIZO
TOLOSA
Elkarrizketa
LUIS MIGUEL ESPINOSA
DIRECTOR DEL CERTAMEN CORAL DE TOLOSA

«Un coro estupendo hace treinta años hoy quizá pasaría desapercibido»

Luis Miguel Espinosa asumió la dirección del Certamen Coral de Tolosa en 1986 y desde entonces ha visto pasar por la localidad guipuzcoana a cientos de coros de más de cincuenta países de los cinco continentes. Esta diversidad cultural que ha caracterizado al concurso le ha llevado a plantear esta edición especial, la número 50, como una gran celebración de la globalidad del canto coral.

Esta tarde, en una doble sesión a las 16.00 y a las 19.30, darán comienzo en el Teatro Leidor las sesiones competitivas del Certamen Coral de Tolosa, que este año alcanza su edición número 50. Para celebrarlo, el Centro de Iniciativas de Tolosa ha apostado por recuperar a algunos de los coros que más éxito han cosechado en la historia reciente del certamen, procedentes de todos los puntos del planeta: Japón, Filipinas, Cuba, Ucrania, Indonesia, Noruega, Suecia, Estado francés, Estados Unidos, Letonia, Alemania, Asturias y, por supuesto, Euskal Herria.

¿Cómo fueron los inicios del Certamen Coral de Tolosa?

Hay que situarse en aquel momento, en los años del franquismo y con una situación cultural bastante desastrosa. Pero en Tolosa había un grupo de gente que quería hacer cosas y en 1967 nació el CIT, no con la intención de organizar un certamen coral sino de poner en marcha todo tipo de iniciativas culturales. Pero como en Tolosa había una importante tradición coral, se decidió apoyar a un grupo de personas que querían poner en marcha un concurso de coros.

Así que comenzó como una iniciativa popular.

Sí, los inicios del certamen fueron el fruto de un impulso emocional y sin una perspectiva muy clara de a dónde se quería ir. Pero la comisión artística que se puso al frente resultó ser muy inteligente y pronto dio pasos para que el certamen se convirtiera en plataforma para la puesta al día de la coralidad vasca. A principios de los setenta, la música coral más contemporánea no se estaba haciendo en Euskal Herria, lo más novedoso que se seguía interpretando era la música impresionista de Ravel o Debussy. Como la nueva literatura no estaba llegando a los coros, el certamen impulsó un concurso de composición que premiaba obras de un estilo más contemporáneo. También se hicieron encargos a compositores de vanguardia y se pusieron como obras obligadas para los coros que participaban. Aunque algunas eran francamente difíciles. El compositor tolosarra Joaquín Pildain, por ejemplo, provocó una pequeña crisis en su edición, ya que diez días antes del concurso varios coros se dieron de baja porque no podían cantar su pieza.

¿Podría afirmarse que el certamen fue el impulsor del movimiento coral vasco tras el franquismo?

No lo sé, pero desde luego sí se hizo un gran esfuerzo por impulsar las federaciones de coros, y no solo la guipuzcoana sino también las de Bizkaia y Nafarroa, para llegar en última instancia a la creación de la Confederación de Coros de Euskal Herria. Del seno de estas federaciones surgieron luego numerosas iniciativas para formar a nuevos directores o fomentar nuevas técnicas vocales... es decir, para mejorar la calidad de nuestros coros. Otro objetivo que siempre persiguió el certamen fue dar a conocer nuestra música, y nuestra lengua, al exterior. Gracias a que muchos coros extranjeros han entrado en contacto con su música en Tolosa, hoy en día algunos compositores vascos están muy solicitados en todo el mundo. El certamen ha puesto su grano de arena para lograr que así sea, proponiendo a los coros visitantes la obligatoriedad de cantar obras en euskara. De hecho, proporcionamos alrededor de setenta obras corales vascas a cada coro que se inscribe en el concurso.

¿En qué etapas se podría dividir la historia del certamen?

En cuanto a su proyección, al primer concurso de 1969 solo acudieron coros vascos, en el segundo ya hubo algunos del Estado, pero no fue hasta la quinta edición, en 1973, que participaron dos coros extranjeros, de Alemania y Francia. En las siguientes ediciones se fue manteniendo una media de cuatro o cinco coros extranjeros frente al grueso procedente del Estado, pero con motivo del 20 aniversario del certamen, en 1988, logramos los apoyos para que se convirtiese en un certamen coral de la Comunidad Europea y fue ahí cuando Tolosa dio el gran salto internacional.

En lo económico, el pequeño grupo que puso en marcha el primer concurso, con Antxon Elosegui a la cabeza, acumuló un déficit de 200.000 pesetas de la época, y entre varios tuvieron que pedir un crédito puente para ir afrontando los gastos de aquella primera edición. No es hasta que se forma el Gobierno Vasco, con Ramón Labayen como primer consejero de Cultura, que el certamen logra el apoyo económico para afrontar un verdadero crecimiento que se consolida a partir de la ya citada vigésima edición, en la que se involucraron seriamente el Gobierno Vasco y la antigua Caja de Ahorros Municipal de Donostia, más tarde Kutxa.

Aunque sobre el papel se trate de un concurso, el certamen es en gran medida también una muestra, pues los coros participantes son cuidadosamente seleccionados. ¿Cómo se lleva a cabo esa selección?

La edición de este año es excepcional porque todos los coros han sido invitados. Pero, normalmente, tenemos tres vías de llegar hasta los coros: ir a otros concursos y contactar con lo mejor que vemos allí, algo que hacíamos más en el pasado. Una segunda vía son los contactos en todo el mundo que hemos ido cultivando a lo largo de todos estos años. Ahora, si estamos interesados en traer a un coro de Lituania, solo tenemos que llamar a alguno de nuestros contactos lituanos para preguntarles por coros interesantes de la región. La tercera vía es la inscripción directa, pero esta, cada vez más, sirve como complemento, porque hoy en día es casi imposible encontrarte con el caso de un coro desconocido por completo. Gracias a plataformas como YouTube, tenemos referencias de la calidad de cualquier coro que pueda inscribirse en el certamen. YouTube, por cierto, también nos ha servido para descubrir coros, a veces de forma completamente casual.

Más allá de su dimensión competitiva, siempre se subraya el papel de intercambio que ejerce el certamen.

Efectivamente. En primer lugar, porque el coralista o director que acude a Tolosa tiene la posibilidad de observar repertorios, propuestas y escuelas corales muy distintas, estímulos que le pueden servir para avanzar en su propio trabajo. Ver el terreno ayuda a mejorar. Pero además se da un contacto personal, que se produce durante las comidas, las reuniones... aquí, sobre todo los directores, se ven o se buscan entre ellos y hablan, se pasan partituras que les han gustado, etcétera. Muchos coros que viene a Euskal Herria también persiguen ponerse en contacto con músicos vascos que, como he dicho antes, son bien conocidos en el circuito coral internacional. En ese aspecto, nosotros ponemos la escena y ellos ejercen de actores.

¿Desde de que asumiera la dirección del certamen, ha podido comprobar que se haya dado una evolución en los coros que se presentan?

Yo asumí la dirección en 1986 y es verdad que es difícil darse cuenta del cambio al estar involucrado años tras año. Pero hace unos meses comenzamos a pasar a formato digital nuestros archivos y, al recuperar antiguas grabaciones, nos hemos dado cuenta de que la diferencia en el sonido de los coros es enorme. Un coro que hace treinta años nos parecía la leche, hoy en día pasaría bastante desapercibido. Ha habido una evolución general en la calidad de los coros, pero también en el repertorio, que antes era más tradicional o clásico y ahora cada vez más está orientado a lo contemporáneo. Otro aspecto que ha cambiado el panorama coral es el fenómeno asiático, países como Indonesia, China o Japón que se han convertido en grandes potencias. Aunque se trate de una tradición musical europea, en Asia la han hecho suya y están surgiendo coros que nos dejan con la boca abierta. Además lo hacen a su manera, proponiendo interpretaciones más comunicativas con el público, en las que el coro se expresa de forma más libre y a menudo se introducen coreografías. Abordan el canto coral desde la perspectiva del espectáculo, una tendencia que va a seguir evolucionando.

¿Cuánto tiempo llevan preparando esta edición del cincuentenario?

Empezamos hace tres años a contactar a aquellos coros que nos interesaban. Parece que es mucho margen de tiempo, pero hace dos años hablamos con un coro de Nueva Zelanda, porque queríamos tener un coro de Oceanía, y ya tenía estas fechas ocupadas con una gira por Francia. Pero puedo afirmar que hemos conseguido reunir a un grupo de coros que representan justo lo que andábamos buscando: reflejar la globalidad y pluralidad del canto coral.

   ¿Qué características distintivas va a tener el desarrollo del concurso, en relación a la de años anteriores?

En esta ocasión los programas que defienden los coros son de libre elección. La única excepción es que deben cantar una obra en euskara, pero la eligen ellos. Curiosamente, el coro británico y el japonés traen dos obras escritas en euskara por compositores de sus respectivos países, algo muy interesante. Por otra parte, este año el concurso se divide en dos fases: cuatro sesiones en las que participarán todos los coros y de las que serán seleccionados los cuatro que competirán el domingo para representar a Tolosa en el Gran Premio Europeo. 

 

¿Alguno de los coros parte como favorito?

El problema este año es determinar qué coro no es el favorito. Todos son fantásticos y muchos de ellos ya han sido premiados en Tolosa con anterioridad. El Kamer Koris de Letonia, por ejemplo, ha ganado tres veces aquí. Lo mismo se puede decir del Oreya de Ucrania, el Batavia Madrigal Singers de Indonesia o el Mikrokosmos francés, que son muy recordados por el público de Tolosa. Se trata de coros tan buenos que la decisión final dependerá de los gustos, pero también para esto hemos seleccionado a un jurado muy diverso. Este año serán ocho en vez de siete y, para que su veredicto sea el más justo y equilibrado, los hemos buscado de procedencias y culturas musicales muy diferentes.