Mikel INSAUSTI
SPIDER-MAN: UN NUEVO UNIVERSO

La versión animada presenta a un superhéroe más multifacético

Al recién fallecido Stan Lee no se le podrá ver ya en “Spider-Man: Un nuevo universo”, pero si se escucha su voz como actor de doblaje en la versión original en inglés. Esto prueba que la relación entre Marvel y Sony, que es la compañía que conserva los derechos de las aventuras cinematográficas del Hombre-Araña, es aún fluida y productiva. Máxime tratándose de una adaptación animada, que explora en el lenguaje del cómic para crear una perspectiva diferente en la gran pantalla. En lo visual se ha querido dar un paso más, haciendo valer las nuevas tecnologías, motivo por el cual el coste de la producción se ha ido hasta los noventa millones de dólares.

Dejando de lado la producción ejecutiva y fijándonos mejor en la artística, es de resaltar que detrás de esta película se hallan los talentos asociados de Phil Lord y Christopher Miller, pareja creadora de la exitosa obra animada “La Lego Película” (2014), y que han encontrado en este género las oportunidades que les han faltado en la imagen real, una vez que Disney, actual propietaria de Lucas Films, prescindiera de sus servicios en “Han Solo” (2018), que a la postre ha resultado ser un sonado fracaso comercial y crítico.

Este proyecto de Sony Pictures Animation, división dentro de la cual Lord y Miller ya hicieron su también exitoso largo “Lluvia de albóndigas” (2009), quiere romper totalmente con sus películas hermanas con actores y actrices de carne y hueso, presentando un superhéroe más multifacético. Bajo el traje de Spider-Man se ocultan varios alter egos, empezando por el adolescente afroamericano Miles Morales, al que el originario Peter Parker asesora desde otra dimensión. El efecto multiplicador provoca que la acción se expanda y se diversifique, en aras de lograr una mayor identificación por parte del espectador menor de edad.