«Mi objetivo en el trabajo es ser honesta cada día y caminar hacia la verdad del personaje»
Aunque Patricia López Arnaiz (Gasteiz, 1981) es una novedad reciente en el mundo audiovisual, su consolidación ha llegado con una fuerza tan intensa como el magnetismo de su mirada. La actriz vive un momento apasionante sin despegar los pies del suelo ni perder de vista lo que le ha llevado hasta allí.

Su participación en grandes producciones televisivas como “La Peste” y “La Otra Mirada” le han brindado una visibilidad y un prestigio notables, refrendados con el reconocimiento de la crítica –Premio Ondas 2018 a mejor intérprete femenina de ficción– y el interés de realizadores como Alejandro Amenábar y Julio Medem, en cuyos últimos proyectos ha trabajado. A pesar de una agenda repleta que promete seguir disfrutándola en registros llenos de matices interesantes, compartió con GARA su reflexión acerca de algunos estereotipos comúnmente asociados al mundo de la interpretación, su momento personal y su forma de afrontar la creación de personajes.
En las distancias cortas el entusiasmo y la energía natural de Patricia resultan igual de contagiosos que en la gran pantalla, un ámbito que parece dominar con una autoridad tan instintiva como natural, pero que reconoce lleno de misterios aún por aprender.
«Estoy descubriendo mi propio método de interpretación según sale de mí. En los últimos años he ido formándome en áreas muy diferentes, y echo mano de esos recursos instintivamente, según la necesidad de cada momento y cada personaje: yoga, danza, trabajo corporal, respiración… Todo me sirve, incluso mis propias experiencias vitales. A menudo no se trata tanto de conseguir atrapar algo con la imaginación o de un modo intelectual, como de estar preparada para recibir en ese momento lo que venga de todas esas experiencias. Otras veces conseguir expresar algo concreto solo es cuestión de relajarte para que fluyan las cosas, evocar cierta sutileza o centrarte en un detalle; puede bastar con acariciar el abrigo que llevas puesto de una determinada manera…».
Indudablemente toda esa formación ha sido un tiempo bien invertido: bajo una apariencia engañosamente delicada late una actriz capaz de vibrar y hacer vibrar con una intensidad poco habitual, que modula la voz y los silencios con la elegancia y la contención de los mejores músicos, y hace de su cuerpo y su gestualidad un terreno de enormes posibilidades. Pura energía interpretativa que no parece decaer nunca, a pesar de un exigente calendario de compromisos.
«En las últimas entrevistas que he hecho percibo una gran ilusión y reconocimiento por mi trabajo… Y eso está genial, para qué negarlo. Pero nunca se habla de la parte menos agradecida, de las sombras y el sacrificio de esta profesión. Aún estoy comenzando a conocer esos otros aspectos, porque no llevo el tiempo suficiente».
«Trabajas de lunes a viernes, llegas a casa tras doce horas de rodaje, te duchas y te pones a estudiar lo del día siguiente; el sábado no te mueves del sofá y el domingo te da el tiempo justo de poner una lavadora y comenzar a preparar más guiones. Y así una semana, y otra… La verdad es que apenas tienes tiempo de calidad contigo misma, de pasear y entrar en contacto con tu mundo íntimo. No hay hueco. Sí, puede ser agotador», cuenta la actriz.
El mundo de la interpretación sigue siendo un gran misterio para el gran público. Las herramientas y rutinas de inmersión, el necesario reseteo posterior para evitar adherencias… Persisten muchos mitos acerca de la inspiración, y las propias actrices y actores no parecen poner mucho énfasis en hablar acerca de ello. No es el caso. «Estoy al servicio de una historia que debe empatizar con el público, y siento que hago un buen trabajo cuando consigo ser honesta con lo que me pasa por dentro y siento las emociones del personaje. Es una forma de terapia que me encantaría trasladar a mi vida personal. La formación que he recibido siempre ha ido orientada hacia la percepción: conocer el contexto y el pasado del personaje, introducirte en él y, utilizando tu imaginación y tus emociones, ver qué te ocurre estando ahí. Actuar como un canal, un transmisor. En cada plano que ruedo –a lo mejor mirando una marca en la pared– intento sumergirme en el instante, pero no siempre estoy lúcida e inspirada. Es entonces cuando salen automáticamente esos recursos adquiridos del oficio, que funcionan para “construir” el personaje. Pero mi objetivo es ser honesta y caminar hacia la verdad del personaje».
«A veces mis sensaciones me hacen dudar de mi trabajo en una escena y, sin embargo, para el equipo de rodaje está perfecto. Les funciona. ¡Pero a mí lo que realmente me da placer es que las cosas me sucedan mientras ruedo! Admito que es algo egoísta (risas). Pero lógicamente solo puedo hablar desde mi experiencia personal, hay muchos métodos distintos de trabajo para cada actor y actriz».
El momento actual nos permite presenciar en directo un despliegue imparable de nuevos feminismos, que promete cambiar el modo en que contamos la historia y sus relatos. Está ocurriendo de forma especial en el arte y la narrativa, ya sea impresa o visual. «En realidad mis personajes son esencialmente personas, y la única responsabilidad que siento es la de hacer bien mi trabajo. Mis papeles siempre han sido de mujer, ¡pero no me importaría interpretar a un hombre!»
«Obviamente disfruto del espacio que ofrece un papel protagonista, no es lo mismo que hacer de un personaje que está ahí como un simple complemento». «Es cierto que vivimos un momento donde el feminismo está tomando la voz y cambiando el foco y los protagonismos, pero haciendo de Teresa en ‘La Otra Mirada’ no siento responsabilidad, sino gozo. Es como ir en pijama a trabajar, ya que me han dado alas para ser yo misma. Y la repercusión de ese y otros personajes me está ofreciendo muchas cosas bonitas: se me acercan mujeres que se sienten legitimadas en las ideas que Teresa dice y representa, esas ideas que ellas no pudieron expresar en su tiempo».
«La otra Teresa –la de la serie ‘La Peste’– también ha sido muy disfrutosa, el guion está tan bien trabajado que a veces pedía el equipo que me dejaran repetir algunas tomas para volver a decir algunas frases que me encantaban. Ese personaje muestra qué pasaba con las mujeres en el siglo XVI, cómo era su vida».
Sus éxitos en televisión no han tardado en atraer la atención de realizadores de primer nivel. Aunque ya cuenta con experiencias previas en la gran pantalla, estas parecen ocasiones inmejorables para acrecentar el prestigio y la proyección de una carrera todavía incipiente, y seguir aprendiendo con los mejores.
«Trabajar con Amenábar –‘Mientras dure la guerra’, 2019– rompió todos mis esquemas, porque siempre he sido una actriz muy servicial. En esta película interpreto a la hija de Miguel de Unamuno, María. Soltera, una intelectual durante el inicio de la Guerra Civil. Al comenzar a rodar sucedieron cosas muy intensas en mi interior mientras interpretaba, que cambiaron la idea que me había formado acerca del personaje. Lo hablé con Alejandro y me dijo: interpreta al personaje que tú quieras, síguelo. Aún estoy aprendiendo a proponer con mayor confianza pero él me la dio toda y, cuando ofrece pautas, se trata de consejos maravillosos que te llevan a sitios nuevos. Tiene un gusto exquisito como director, lo he podido corroborar».
«Colaborar con Medem en ‘El árbol de la sangre’ ha sido diferente: también tienes libertad, y además partes de un texto tan bueno que puedes dejarte ir, te lo crees. Pero son lenguajes diferentes, esta es una película coral donde no manda el personaje, sino la fuerza poética de las imágenes. Su trabajo de dirección está enfocado en buscar puentes que enlacen esas imágenes de una forma orgánica. Y en el aspecto personal solo puedo estar agradecida a su carácter sensible, ya que me he sentido muy cuidada por él en algunos momentos de fragilidad».
«Aunque a ciertos niveles el mundo del cine puede ser bastante jerárquico, hasta el momento yo siempre he tenido la suerte de trabajar con estructuras completamente horizontales, donde ha imperado el compañerismo. Esto es fundamental. El feedback que en la música en directo ofrece la interacción con el público en lo audiovisual se expresa mediante el trabajo en equipo y la generosidad. Si escuchas a tu compañero mientras interpreta su papel, te metes en su texto y comienzas a sentirlo. Su energía te alimenta, te sientes bien en los logros del otro. Me gusta verlo así».
«Las actrices y los actores siempre estamos muy expuestos y hay muchos prejuicios: ‘Esta es una diva’. ¡A saber! ¿Si eres un actor no puedes tener un día malo? Tienes derecho a tu intimidad y tus necesidades, tal vez en ese momento no te apetezca hacerte una foto o charlar con un desconocido. O puede que durante un rodaje necesites comer aparte porque te sientes agotado…».
La entrega y la disposición absolutas puntúan alto en el trabajo en equipo, pero también conllevan unos riesgos de los que es necesario cuidarse para no quedar vacío o verse atrapado en situaciones que uno no ha escogido. La exigente ciencia de aprender a poner límites en la vida y el trabajo.
«Como en otras muchas profesiones, hay que protegerse ya que la gente te pide lo que tú estás dispuesto a dar. Si siempre te muestras super-disponible cada vez te pedirán exactamente eso. Yo tuve una experiencia bastante dura rodando dentro del agua y a partir de entonces me aseguro de que no se va a volver a repetir algo como aquello. Hay que cuidarse un poco y aprender a pedir ciertas cosas, aunque sin caer en la excentricidad de exigencias absurdas, por supuesto. Ser actriz no implica convertirse en un monigote, este trabajo es algo serio».

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