Luisa Chillida recupera el color inspirándose en los «talaiots»
Habitualmente trabaja el hierro y la soldadura para realizar sus esculturas. Aunque en sus pinturas estén representadas, actualmente trabaja la acuarela líquida y la tinta china, con mucho color, algo poco habitual para ella hasta ahora por lo que se siente «liberada».

En las Islas Baleares hay unas construcciones prehistoricas llamadas «talaiots». Luisa Chillida veranea en Menorca desde que era pequeña, por lo que está familiarizara con este tipo de construcciones, que siempre le han gustado. Inspirándose en esa especie de dólmenes, aunque no estrictamente, ha creado un universo de color a base de acuarelas y tinta china, visible en la galería de Ekain Artelanak de la Parte Vieja donostiarra hasta el 31 de este mes.
«La inspiración viene de ahí pero es muy libre. He añadido color y he hecho interpretaciones», explica la artista el día del montaje de la muestra. «Es una libre interpretación. No me gusta influenciar en cómo los demás tienen que ver mis obras», dice sin querer centrarse demasiado en los porqués de sus láminas, y subraya que se ha sentido «libre para explorar en formas y combinaciones de colores partiendo de esa idea» y fijandose especialmente en la composición.
Aunque si nos fijamos bien hay pequeños grupos de pinturas diferentes entre sí, en general todos ellos componen una exposición colorida y coherente, sin embargo, cada una –de la más pequeña a la más grande– funciona también individualmente. «Esto es el resumen del trabajo de año y medio. Había semanas en las que estaba con una serie, y terminaba salvando solo cuatro piezas», explica señalando una serie.
Explosión de color
Luisa Chillida acostumbra a trabajar el hierro en esculturas, tal y como hacía su abuelo, pero desde que tuvo a su primer hijo ha probado otras técnicas. «Ahora estoy embarazada, a punto de dar a luz, y también tengo un niño al que le he estado dando el pecho hasta hace poco. He trabajado mucho con hierro y soldadura, pero es tóxico, así que en los últimos tiempos he tenido que parar de hacer ese tipo de trabajos y me he dedicado a trabajar más en casa y en formatos en dos dimensiones, y a estar más enfocada en cosas más plásticas en lugar de la escultura», comenta.
«Antes, por los propios metales, mi trabajo era menos colorido. Esta es la vez en la que más color aparece en mi obra. Tal vez porque con mi hijo estoy todo el día dibujando, viendo colores, animales… supongo que eso me ha influido», manifiesta. Sus trabajos habituales incluyen blanco y negro, beige, ocre y también los grabados, y en ocasiones también ha tocado otros colores, pero esta es la primera vez en la que ha habido una explosión de color. «Me he liberado y no me he puesto ninguna limitación», asegura.
Los propios materiales le han permitido también esa libertad, pues según cuenta «en la acuarela en pastilla mojas el pincel y la vas aguando. En este caso la acuarela es un líquido con color. Donde hay combinaciones de colores, al estar todo en estado líquido, puedes decidir hacia dónde van las aguas. Te permite controlar un poco hacia donde quieres que vayan los colores. Hasta que no se seca no queda paralizada la tinta».
Aunque se encuentre cómoda con esta nueva faceta, en la exposición hay pinturas que nos dan pistas de su obra escultórica. Por ejemplo, hay una serie que evoca a unas piedras –con los nombres de sus respectivos colores esculpidos– y otra que tiene una imagen más tridimensional que representa cómo la artista llevaría a cabo una escultura.

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