2019/09/07

MARCEL MAURI
VICEPRESIDENTE DE ÒMNIUM CULTURAL

Ante la Diada del próximo 11 de setiembre, las entidades soberanistas afrontanel preludio de una nueva jornada movilizadora que este año viene marcada por la inminencia de la sentencia al Procés y las desavenencias entre las fuerzas independentistas.

«Tendremos que volver a ejercer los derechos que sean condenados»
Àlex ROMAGUERA|BARCELONA
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La Diada de Catalunya se presenta este año enturbiada por la represión y las discrepancias que vienen exhibiendo los partidos independentistas después del reciente ciclo electoral. Un desencanto que Òmnium Cultural quiere revertir mediante la movilización y otras acciones que fuercen la unidad estratégica a pocas semanas de una posible condena a los líderes del Procés.

¿Cuál es el mensaje que Òmnium Cultural quiere trasladar esta próxima Diada?

La Diada tiene que ser la demostración de fuerza de una ciudadanía que, pese a la represión y a las diferencias entre las fuerzas soberanistas, está movilizada y apuesta decididamente por un horizonte compartido para culminar el proceso de autodeterminación.

¿Puede ser que la represión haya eclipsado el debate sobre la construcción de la República?

Justamente la represión busca que la sociedad se divida y olvide sus objetivos políticos. Lo que plantea Òmnium –y Jordi Cuixart lo ha reiterado desde la prisión– es que la sentencia tiene que ser la palanca que reactive la lucha por los derechos y las libertades en un momento en el que están en peligro. Sólo cabe ver cómo el Estado es capaz de cargarse el estado de derecho si con ella preserva el estatu quo. Así pues, al igual que sucedió durante el franquismo, tenemos que prepararnos para una fase larga dónde la población ha de implicarse para defender sus derechos fundamentales.

Después de que Pedro Sánchez haya rechazado nuevamente un referéndum de autodeterminación en Catalunya, ¿cuál es la salida que le queda al soberanismo más allá de apelar al diálogo?

El diálogo se tiene que defender siempre, pero no como mecanismo táctico, sino porque forma parte del adn del catalanismo, que mediante la palabra, la negociación y reforzando los valores democráticos aspira a construir una sociedad libre y democrática. En todo caso es el gobierno español quien tendrá que explicar por qué rehuye dialogar, por qué ante la crisis humanitaria impide a una ONG salvar vidas en el Mediterráneo o por qué hace caso a las tesis de la Abogacía del Estado antes que a las Naciones Unidas. Frente a esta actitud, hay que insistir en el diálogo pero también el activismo no violento. Una vía no excluye a la otra, las dos son complementarias.

Pero viendo el actual inmovilismo, ¿cómo se puede desbloquear la situación? ¿Hay que prever futuros escenarios de desobediencia civil?

El 1 de Octubre ya fue un ejemplo de ello, cuando la ciudadanía salió de forma masiva a la calle para defender el derecho básico a expresar su opinión. De la misma forma que lo hace ante un desahucio o lo hizo en la dictadura para reivindicar el catalán en la escuela. Seguro que ante la sentencia se activarán las formas de protesta necesarias para reclamar unos derechos que, no hay que olvidar, sólo se defienden ejerciéndolos.

Òmnium Cultural ha lanzado estos meses el lema “Ho tornarem a fer” (“Lo volveremos a hacer”). ¿Cómo se convence a quien recuerda que el 1 de Octubre no conllevó la materialización de la independencia y hoy se siente defraudado?

Jordi Cuixart lo recordó en el Tribunal Supremo cuando dijo que tendremos que volver a ejercer todos los derechos que sean condenados. No hay otra hoja de ruta posible, pero esto exige una triangulación entre partidos, instituciones y sociedad civil, pues es responsabilidad de todos encontrar estrategias para responder conjuntamente ante la sentencia y, a la vez, poner un horizonte político sobre la mesa.

Para la Diada también han convocado un acto en Barcelona bajo el lema “Pels drets i les llibertats: absolució!” (“Por los derechos y las libertades: absolución!”) en el cual participarán varios representantes de la sociedad civil catalana. ¿Se trata de agregar al máximo de sectores entorno a los principios democráticos?

Sin duda, pues al margen de la posición ideológica que tenga cada uno, muchos comparten esta reclamación y la necesidad de poner la cultura y la cohesión social en el centro de las políticas. Lo hemos dicho varias veces: si reclamamos una República no es para bajar una bandera e izar otra, sino para combatir las injusticias y poner en valor las luchas que venimos compartiendo y que responden al deseo de lograr una sociedad garante de los derechos fundamentales.

El caso de los jóvenes de Altsasu está muy presente en Catalunya. ¿Los puentes entre uno y otro pueblo pueden ayudar a terminar con la impunidad?

Altsasu refleja, al igual que la causa contra el Procés, que la justicia es de parte y que se busca castigar a cualquiera que cuestione el poder y quiera decidir libremente su futuro. En esto sentido la solidaridad mutua ya representa una victoria en la medida que desmonta los relatos basados en una falsa violencia y, a la vez, hace eco de la involución democrática que se vive en todo el Estado.