Koldo LANDALUZE
CRÍTICA «Playmobil: La película»

Un interminable anuncio publicitario

Resulta lamentable que la línea del gigante juguetero alemán Brandstäter haya sido trasladada a la gran pantalla en un formato de anuncio publicitario tan interminable como aburrido. Alejado por completo de las divertidas y mucho más arriesgadas peripecias protagonizadas por la troupe Lego, las criaturas Playmobil se sienten tan limitadas dentro de este aparatoso producto como sus mecánicos movimientos y eso que en este largometraje, sus movimientos rígidos adquieren un dinamismo que traiciona por completo su encanto original. La desesperada odisea que emprende una adolescente en su empeño por rescatar a su hermano pequeño, capturado por el universo Playmobil, no es más que una simple excusa para que ante la pantalla desfilen todas las figuras del catálogo. De manera desordenada, en este viaje que pretende tornarse en iniciático, nos limitamos a ser objetos seducidos de los propios juguetes los cuales tan solo hacen gala de unos roles en los que impera el cliché más trasnochado en un encadenado de situaciones en las que pocas veces se logra el efecto de despertar la sonrisa en el espectador. Ejemplo de ello es la aparatosa batalla de vikingos con la que nos reciben en este descenso a los infiernos mercadotécnicos de Playmobilandia en el que todo parece funcionar siguiendo los dictados mecánicos de un reloj suizo o alemán. No hay lugar para el calor ni de la magia porque todo circula en un imaginario que nos resulta muy difícil de reconocer y que engaña grotescamente a los más pequeños porque la pantalla les está diciendo que los muñecos tienen un registro de movimientos mucho mayor y las caras no son siempre eternamente sonrientes. Entre lo positivo figura la propia idiosincrasia de los juguetes y que consiste en que las criaturas y personajes más dispares pueden convivir en perfecta armonía o batalla dentro de un mismo espacio de juego.