2020/02/10

IGNACIO LÓPEZ-GOñI
CATEDRÁTICO DE MICROBIOLOGÍA

El catedrático Ignacio López-Goñi recuerda, en un contexto de cierta alarma social, que el nuevo coronavirus es menos letal que otros casos precedentes, y advierte del efecto de bulos y mentiras. Aunque también avisa: «Tendremos que acostumbrarnos».

«Tendremos que acostumbrarnos a la aparición de nuevos virus»
Iker BIZKARGUENAGA|BILBO
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Ignacio López-Goñi, Catedrático de Microbiología en la Universidad de Navarra, estuvo el jueves en Bilbo, invitado por la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU, para hablar del coronavirus de Wuhan, que ha generado tanta alarma como desinformación y mentiras, casi tan peligrosas como el propio virus.

La ONU ha iniciado una campaña contra la desinformación en torno al coronavirus, ¿se están lanzando muchos bulos?

Hay que tener en cuenta que es la primera vez en la historia de la humanidad en la que estamos viviendo una epidemia en tiempo real, sobre la que todos los días y durante todo el día se actualizan datos. Además, con una actividad en las redes sociales impresionante. Eso hace que esté siendo un fenómeno informativo sin precedentes, no habíamos tenido nada igual. Y eso genera también mucha desinformación, mucha alarma, muchos bulos. Hoy en día, cualquier vídeo se hace viral enseguida. El otro día, vimos un vídeo donde salen dos médicos operando a un paciente y uno de ellos, de repente, se desploma. Y el titular era algo así como “Operando el coronavirus un médico se desploma debido a la virulencia del patógeno”. Cuando no tiene nada que ver, ni siquiera se opera; pero se viraliza y crea un agobio terrible.

Es un problema serio, porque el miedo es contagioso y puede tener efectos que ya estamos viendo, incluso en la economía mundial. La OMS es muy cauta al dar las alarmas porque sabe que una vez que la activa va a tener consecuencias. Si lo ponemos en contexto con otras cosas, no vamos a decir que no es grave, sí que lo es, pero probablemente tenga más consecuencias económicas que sanitarias.

¿Cuándo se tuvo conocimiento de la existencia de este virus?

En la primera semana de enero las autoridades chinas ya alertan de que empiezan a tener casos de una neumonía severa de origen desconocido. Suponen que es viral, pero que no es el MERS ni el SARS, que son otros coronavirus, y creo que esa es la primera notificación que se da. Lo interesante es, como he dicho, que estamos viviendo una epidemia en tiempo real, y la velocidad a la que se están haciendo las cosas es espectacular. Por ejemplo, los primeros casos de Sida son del año 1981, y se tardaron dos años en identificar el patógeno. Imaginemos que estuviésemos ahora dos años preguntándonos qué es esto. Sería una hecatombe. Bueno, pues el 9 de enero se tiene la primera noticia pública; el 10 de enero se tiene ya el genoma del microorganismo; el día 13 tenemos colgado en la red el protocolo público para diagnosticar la enfermedad. Y a partir de entonces ya se pueden hacer análisis, estudiar el origen, la causa… Estamos en un tiempo récord.

Ha mencionado el SARS, el MERS, ¿son virus similares?

Sí. Todos estos son lo que se denomina coronavirus. Hay siete coronavirus que infectan al ser humano; cuatro de ellos son los que producen los catarros. El 30-40% de los catarros o resfriados comunes están producidos por coronavirus. Coronavirus ha habido siempre. En el año 2003, aparece un nuevo coronavirus, que es el SARS (Síndrome Respiratorio Agudo Severo), que es más grave, porque produce neumonía. En el año 2012-2013, aparece el MERS (Síndrome Respiratorio de Oriente Medio). Con este, tenemos tres nuevos coronavirus que producen neumonía. Este coronavirus es del mismo grupo, muy parecido al SARS, y se parece mucho al coronavirus de murciélagos. Porque hay muchos coronavirus distintos que infectan a cantidad de animales. Lo que sugiere que el origen son los murciélagos. Probablemente con una especie animal intermedia, a través de la cual pasa al ser humano.

El hecho de que sean parecidos, ¿facilitará hallar una vacuna?

Sí. Ya había grupos trabajando en vacunas contra coronavirus, SARS y MERS, y eso quiere decir que hay una tecnología, un conocimiento previo. En ese sentido, técnicamente puede ir relativamente rápido, en pocos meses podemos tener algo. El problema de las vacunas es que si has cambiado algo, la legislación te obliga a repetir las fases; volver a probar la seguridad, que no tenga efectos tóxicos, que no tenga efectos secundarios… y eso es lo que pude hacer que en el mercado se tarde más de un año en tener una vacuna.

¿Qué se puede decir de la tasa de letalidad del nuevo virus?

La tasa de letalidad es alrededor del 2%, menos que otros coronavirus, como el SARS, que no llegaba al 10% y el MERS, en torno al 30%. Lo que estamos viendo es un virus con una altísima transmisibilidad, porque se está transmitiendo con una rapidez enorme, pero la letalidad es menor. Esto si comparamos los datos de defunciones con los casos confirmados, pero es probable que haya muchos otros casos que sean asintomáticos y que no afloren, y que si se tuvieran en cuenta la letalidad sería menor. Bueno, un 2% de un millón son 20.000, y en China hay más de mil millones de personas… pero no es de los más letales.

Que el periodo de incubación sea largo, de hasta dos semanas, y a veces sin síntomas, ¿dificulta el tratamiento?

Claro, con ese periodo de entre dos y 12/14 días de periodo de incubación, las personas afectadas, si son asintomáticas, no se detectan, no se controlan. Hay dudas sobre si en el periodo de incubación puede ser infectivo, pero eso tampoco es sorprendente, porque en otros virus, como la misma gripe, hay un periodo en el que antes de que aparezcan los síntomas podrías ser infectivo. Entra dentro de lo esperable, pero lógicamente lo complica. Por otra parte, con los datos que tenemos a día de hoy, vemos que en torno al 20% de los casos son graves. Y la mayoría de esos casos graves, en torno al 80%, afectan a mayores de 60 años, muchos de ellos con otros problemas: diabetes, problemas cardiovasculares…

Estamos hablando de unas decenas de miles de personas afectadas, pero Wuhan tiene once millones de habitantes y lleva en cuarentena muchos días. ¿Existen precedentes de que tanta gente haya sido puesta en cuarentena cuando la gran mayoría ni siquiera está enferma?

No, esto es absolutamente novedoso. Por una parte, eso solo lo puede hacer China, cuyo Gobierno tiene la llave de los aviones, del metro, del taxi... Si dice que esto se cierra, se cierra. En ese sentido, podemos decir que es una ventaja para contenerlo. En epidemias de este tipo, donde no tienes un tratamiento específico ni una vacuna, la única manera de contenerlo es diagnóstico y aislamiento. Uno de los riesgos, y creo que es una de las razones por las que la OMS da la alerta internacional, es que llegue a otros países con un sistema más deficitario. En África, por ejemplo; hay un flujo China-África muy importante. Que el virus llegue y se transmita en África sí podría ser peligroso.

Hemos hablado del SARS, del MERS, ¿es habitual que en un periodo tan corto surjan varias enfermedades nuevas?

Es algo a lo que nos tenemos que ir acostumbrando. El 70% de las nuevas infecciones virales tienen su origen en animales. La gripe, por ejemplo, es un virus de animales; el Ébola, los coronavirus que estamos viendo ahora, el propio VIH, del que sabemos que su origen está en retrovirus de simio. Es relativamente frecuente que estos virus den el salto a otra especie, en este caso al ser humano. ¿Por qué surgen nuevas infecciones virales? Creo que por tres causas principales. Primero, por la propiedad de los virus. Los virus, por una parte, se multiplican muy rápidamente, y al mismo tiempo cambian, mutan, muy fácilmente. Si tienes un ente que se multiplica muy rápidamente y cambia muy rápidamente, es como si la evolución fuera a alta velocidad. La otra cosa que hay que tener en cuenta, y que no ocurría hace veinte años, es la globalización. Nosotros ahora nos movemos por todo el planeta. Otras enfermedades han estado asociadas al movimiento de la gente, como la peste, pero entonces tardaba años en llegar. Ahora tarda días. El movimiento humano ahora es mayor y eso hace que los virus se muevan más. Y en tercer lugar, posibles cambios en los ecosistemas: el cambio climático, la deforestación, la creación de grandes presas, hacen que a veces los vectores que transmiten estos virus cambien de distribución, o que entremos en contacto con animales de manera más masiva de lo que hacíamos antes. Todos estos factores hacen que aparezcan nuevos virus, y es una cosa a la que nos tenemos que ir acostumbrando. Desde el año 2009, ha habido seis alertas internacionales de la OMS; el virus de la gripe H1N1, el Ébola, la polio, el Zika, el Ébola otra vez el año pasado, y ésta.

¿Qué consecuencia tendría una mutación de este nuevo virus?

Muchas veces pensamos que va a mutar y se va a hacer peor, más virulento, pero también puede ocurrir lo contrario. De hecho, lo normal es que cuando un virus pasa de un huésped a otro, de animales a humanos, al principio sea más virulento, porque no está en su entorno, pero con el paso del tiempo se van adaptando a su huésped y van perdiendo virulencia. Porque los virus no piensan pero son muy listos, y lo que hacen es adaptarse al huésped, porque lo que le interesa no es matarlo, sino que viva y de esa manera transmitirse. Lo que podemos esperar, aunque los virus hacen lo que quieren, es que si hay mutación, esa mutación vaya adaptándose al ser humano, disminuyendo la virulencia.

EN TIEMPO REAL


«Es la primera vez en la historia en la que estamos viviendo una epidemia en tiempo real. No habíamos tenido nada igual»

LETALIDAD


«La tasa de letalidad es alrededor del 2%, menos que otros coronavirus, como el SARS y el MERS. Lo que estamos viendo es un virus con una alta transmisibilidad, pero la letalidad es menor»

VACUNA


«Ya había grupos trabajando en vacunas contra coronavirus, y eso quiere decir que hay una tecnología, un conocimiento previo. En ese sentido, técnicamente puede ir relativamente rápido»

MUTACIÓN


«Lo que podemos esperar, aunque los virus hacen lo que quieren, es que si hay mutación, esta vaya adaptándose al ser humano, disminuyendo la virulencia»