Iñaki ZARATIEGI

CINCUENTA AñOS DE JANIS JOPLIN, LA AMARGA RESACA DEL SUEñO HIPPY

La explosión «paz y amor» de los sesenta y su cambio creativo y social se desencantó en los setenta del «no futuro» punk. La prematura muerte de algunos de sus destacados protagonistas acentuó esa sensación. Medio siglo después –se cumple mañana–, Janis Joplin, sigue siendo su símbolo.

Apenas habían pasado semanas de la muerte en Londres del notable guitarrista-cantante norteamericano Jimi Hendrix (18-IX-1970) cuando su colega y compatriota Janis Jyn Joplin fenecía el 4 de octubre en Los Ángeles, por “sobredosis accidental de heroína” (tras meses desenganchada compró una remesa muy pura). «La chica blanca que cantaba como una negra» había sido la gran voz femenina del “verano del amor” y el Monterey Pop Festival de 1967 o del Woodstock 1968.

Tenía tres LPs: “Big Brother and the Holding Company (1967), “Cheap Thrills” (1968) y “I Got Dem Ol’ Kozmic Blues Again Mama!” (1969). En 1971 salió el póstumo “Pearl”, que grababa cuando murió, con su nuevo grupo Full Tilt Boogie. Luego habría casi una decena de discos en directo y una veintena de recopilaciones. El año pasado se reeditó una cuidada edición del doble LP en directo en Woodstock, de 1969. El musical “A Night With Janis Joplin” recorre ahora EEUU, con la cantante Mary Bridget Davies en el papel de la desaparecida vocalista.

Obras en torno a ella

La rauda existencia de la cantante texana se ha reflejado en un par de documentales o en la película “La rosa” (1979), con Bette Midler como Janis. Más amplia es la lista de libros sobre su vida que incluye obras de su hermana Laura, su amiga y amante Peggy Caserta o su road manager John Byrne Cooke. En este 50º aniversario se lanza “Janis Joplin Scrapbook 1966-1968”, una edición limitada de 2000 ejemplares con material gráfico. En castellano hay libros de sus canciones y al menos cuatro biografías.

Celebrando también el medio siglo de su partida se publica en Libros Cúpula “Janis, su vida y obra”, de la especialista Holly George-Warren, quien cuenta con dieciséis obras de biografías y análisis musicales.

El detallado análisis se acompaña de fotos inéditas e incide en que la escolar Janis fue independiente y creativa frente a la conservadora sociedad de su Port Arthur natal, donde sufrió burlas por su físico y desprecio por su rebeldía adolescente. Se ahogaba en un ambiente reaccionario en lo social y feamente industrial en lo ambiental. Influida por las ideas beatnik del libro “En el camino”, de Jack Kerouac, y el blues y el rock, se fue alejando de su entorno en lo cultural, ideológico y estético. Comenzó pronto su relación con el alcohol y acabaría alcohólica. Su atrevimiento sexual fue más lento.

La pintura, la música y el mundo bohemio que abrazó en su periodo estudiantil en Beaumont y Austin (donde tuvo su primer grupo: los folkies Waller Creek Boys) fueron la base de despegue hacia el dorado sueño californiano en un vuelo sin paracaídas.

Mujer en un club de hombres

La biógrafa de Carolina del Norte posee un estilo ágil y arranca su obra con un “Nashville, noche húmeda de setiembre. Ruby Boots calienta el Basement East mientras castiga su guitarra eléctrica y brama el “Piece of My Heart” de Janis Joplin.

Es una crónica del festival Americana 2018 que celebraba el medio siglo de los mejores LPs de 1968, entre los que destacaba la reválida discográfica de Janis. Holly recuerda que JJ puso las primeras y sólidas bases para la feminización de un género exclusivamente macho: «La mezcla de desenvuelto talento musical, sexualidad salvaje y exuberancia natural que alumbró a la primera mujer norteamericana estrella del rock lo cambió todo».

Y rubrica: «la época que a Janis le tocó vivir ha pasado a la historia como la de la liberación de las ataduras propias de la década de los cincuenta; pero lo cierto es que en aquel entonces el rock era un club de hombres y poco más, y Janis fue víctima del atroz machismo de la prensa tanto comercial como contracultural, y del frío y a veces cruel desdén de los profesionales de la industria».

Janis poseía una gran capacidad vocal para el desgarro, al estilo de sus amadas Odetta y Bessie Smith («no puedo hablar sobre mi forma de cantar, lo llevo dentro. ¿Cómo describes algo que llevas dentro?»). Como ocurrió con otras jóvenes voces blancas, el blues y el soul genuinos de Leadbelly, Billie Holiday, Otis Redding, Aretha Franklin… fueron su base para metamorfosearlos en el ruidoso blues-rock sicodélico. Curiosamente, su primera grabación fue un anuncio para un banco local titulado “This Bank Is Your Bank”, versión sui generis del célebre “This Land Is Your Land”, de Woody Guthrie. Solo era un comienzo y con el tiempo Joplin plasmaría emotivamente su fusión musical en grandes versiones de “Ball and Chain”, “Tell Mama”, “Try”, “Me and Bobby McGee” o “Cry Baby” y temas propios como “I Need a Man to Love”, “Mercedes Benz” o “Kozmic Blues”. La entrega escénica colmaba sus frustraciones vitales: “¿Has sido amada alguna vez? Yo, no. Solo siento eso en el escenario. Voy a escribir una canción que hable de hacer el amor con 25.000 personas en un concierto y después regresar sola a mi habitación. Lo único que tengo es el público, y esa es toda mi vida». Su impacto fue rotundo y hasta la desaliñada estética (bajo la que ocultaría sus complejos y baja autoestima, la dificultad para estabilizar una relación afectiva y la huida hacia la autodestrucción) influyó en miles de jóvenes de todo el mundo.

Holly GW escribe que «jóvenes espectadoras que la vieron actuar recuerdan aún la experiencia: era como si les cantara a ellas y para ellas, como si les contara su historia y sintiera su dolor, como si les diera valor y las absolviera de la obligación de avergonzarse. Joplin era puro nervio a flor de piel, capaz de expresar sentimientos que la mayoría de la gente no podía o no quería manifestar, y que además estaba dispuesta a pagar el precio de hacerlo así».

Soñó con escapar del torbellino en las relaciones afectivo-sexuales y equilibrarse en una relación convencional. Confesó que quería ser maestra de niños. Escribía una carta semanal a su familia y en 1965 regresó a casa intentando no defraudar a sus padres, a quienes reconocía una respetuosa y creativa educación. Hasta les presentó al aventurero Peter de Blanc como novio formal. Pero el supuesto futuro yerno timó a la familia y sobre todo a una ilusionada Joplin que le había escrito: «Qué ganas tengo de ser feliz de una vez, joder». En los últimos meses viva volvió a la fantasía del matrimonio con su entonces pareja Seth Morgan y dos días antes de morir había actualizado su testamento y firmado un contrato prematrimonial.

Incapaz de ser “normal”, abandonó para siempre el entorno familiar dejando una nota con un significativo “sorry”. En 1967, ya triunfante, invitó a su familia a verla actuar en San Francisco, pero la experiencia fue excesiva para sus padres y agrandó el abismo. Su exhibicionista y provocadora visita en verano de 1970, casi dos meses antes de morir, para compartir el décimo aniversario de su promoción del instituto, rompió más los puentes.

Su vida fue una inmolación pública con emotivas sesiones rockeras, ahogando la desazón vital en catarsis escénicas. Fuera de foco, compensó sus vacíos vitales con una entrega a los excesos alcohólicos y de otras drogas y a la libertad sexual. Leonard Cohen relató su encuentro sexual en “Chelsea Hotel #2”. Joan Baez la recordó en “In the Quiet Morning”. Lucinda Williams le dedicó “Port Arthur”.

«Vive el momento, puedes destruir tu presesente preocupándote por el mañana» pareció ser su lema vital. La apodada “bruja cósmica” voló demasiado alto como para poder aterrizar en lo que tantas veces dijo desear: tener hijos y «una casa con su valla de madera blanca».

Pionera, también, del trágico club de los veintisiete

Entre la fantasia de “Los viejos rockeros nunca mueren” y el mito de que los mejores lo hacen a los 27, la gris estadística evidencia que la parca ni perdona ni juega con la edad. Lo que ocurrió con la segunda de las creencias es que en un corto tiempo de los años 60-70 fenecieron a esa edad algunas figuras de la revolución sónica rockera. Primero el Rolling Stone Brian Jones y después Jimi Hendrix, Janis Joplin, el Doors Jim Morrison o Gram Parsons (Byrds, Flying Burrito Brothers). La leyenda tenía el oportuno precedente de Robert Johnson, influyente mito del blues que habría vendido su alma al diablo. Con el tiempo se añadirían Kurt Cobain (Nirvana) o Amy Winehouse y artistas de diferentes disciplinas como el pintor Jean-Michel Basquiat. En sus biografías confluyeron características similares: personalidades originales y creativas de particular genética afectiva, éxito y fama muy tempranos y caída en abusos y dependencas de sustancias adictivas que adelantaron trágicamente el fin de sus vidas.I.Z.