Mikel INSAUSTI
CRÍTICA «La habitación»

Cuarentena mental en una sociedad materialista

Las películas de Christian Volckman merecen mayor atención que las de cualquier otro autor por lo poco que se prodiga, y siendo en origen un artista plástico es de admirar su esfuerzo por terminar haciendo un cine narrativo. No es fácil el tránsito de la pintura a la creación cinematográfica, y más cuando se inició con el largometraje de animación “Renaissance” (2006), ganador en el festival especializado de Annecy por su concepción futurista del tema de la eterna juventud. Se ha tomado con calma el paso a la imagen real, con un trabajo a la postre igual de sorprendente y original, ya que “The Room” (2019) es un thriller fantástico dotado de una muy poderosa carga simbólica, gracias a la cual admite múltiples lecturas, junto con una complicada resolución final que hará sudar tinta incluso a los expertos en Nolan y las realidades paralelas.

Hay muchos aspectos liosos de “The Room” (2019) que no me atrevo a descifrar, prefiriendo hacer una tipo de interpretación más abierta y simplificadora. Entiendo que la metáfora del cuarto de los deseos se refiere a nuestras celdas mentales, esos departamentos estancos del cerebro donde se generan las obsesiones relacionadas con la líbido, y que dentro de la sociedad materialista actual se traducen en la lucha por la consecución del máximo de bienes o propiedades. Es un problema interno en última instancia, puesto que fuera del espacio simbólico de la casa los objetos materiales pierden su valor, a causa de lo cual la pareja protagonista queda confinada en su propia jaula de oro.

El planteamiento se vuelve más trascendental cuando del mero acto de desear se pasa al de crear, a partir del instante en que la mujer le pide al cuarto el hijo que no puede tener por medios naturales. La libertad del ser vivo surgido de la nada se ve de esta forma condicionada, expresando así que la humanidad no se conforma con su existencia mortal y desafía a Dios.