«GAZA MON AMOUR»: EL AMOR TAMBIÉN ES POSIBLE EN PALESTINA
Los hermanos gemelos Tarzán y Arab Nasser firman “Gaza mon amour”, película elegida por Palestina para representarla en los Óscar. Se trata de una comedia otoñal escenificada en Gaza y que, según sus autores, se aleja «de los clichés y del victimismo».

Hermanos gemelos y cineastas, Arab y Tarzán Nasser –sus nombres reales son Ahmed y Mohamed Abu Nasser– nacieron en 1988, un año después de que las últimas salas de cine en Gaza fueran cerradas. Los hermanos desarrollaron su pasión por la cinematografía con la ayuda del cineasta local Khalil Al Mozayen, con el que trabajaron durante cuatro años. En 2010, Tarzán y Arab recibieron el A. M. Qattan Fundación por una obra conceptual, que consistía en una serie de carteles de películas de Hollywood con nombres de ofensivas militares israelíes en Gaza.
En su declaración de intenciones, los hermanos han apostado por transmitir una visión alternativa en clave palestina y el mundo árabe en general. Para tal fin, plasmaron la puesta en marcha de “Made in Palestina Project” , una iniciativa independiente para crear y promover el arte visual contemporáneo con un enfoque en Palestina. En febrero de 2013 filmaron su primer cortometraje, “Condom”, y su ópera prima en formato largo llevó por título “Dégradé”, una comedia negra centrada en trece mujeres que quedaron atrapadas en un salón de belleza en la Franja mientras en la calle cobra forma un nuevo conflicto.
El pasado año estrenaron “Gaza mon amour”, un filme que ahora ha llegado a nuestras salas comerciales tras un exitoso periplo internacional. De hecho, representó a Palestina en los Óscar en la categoría de Mejor Película Internacional.
Dimensión humana
En relación a su nuevo trabajo, Arab Nasser señala que «la idea inicial y básica era contar una historia de amor desde Gaza y con gentes de Gaza. Más tarde se sumó a la idea central la excusa para dotar de cuerpo a la trama: el hecho verídico del hallazgo de una estatua de Apolo por parte de un viejo pescador en el año 2013».
En “Gaza mon amour” nos topamos con Issa, un pescador soltero de 60 años, que se decide por fin a acercarse a Siham (Hiam Abbass), la viuda de la que está enamorado. Él está cada vez más seguro de sí mismo desde su peculiar hallazgo marino. En relación al personaje central, el cineasta lo define de esta manera: «Issa es una persona que, una vez tomada la decisión, no se rinde en su empeño. Representa muy bien el de las gentes de Gaza. Cuando la gente ve Gaza en las noticias tratan de apartar la dimensión humana de lo que está pasando allí».
Esto último se ha mostrado como el principal motivo de la puesta en marcha de este filme: «’‘Gaza mon amour’ es una reivindicación de esta humanidad, a través de una historia de amor que huye de los tópicos. Lo que hemos hecho en esta película es intentar usar la ternura de una historia cotidiana para hacer llegar al espectador la vida en Gaza, lejos de los clichés y del victimismo. Porque sí, los habitantes de esta zona son víctimas, pero no queremos mendigar la empatía del espectador, sino hablar del amor dentro de un ambiente muy complejo».
Arab Nasser añade que «el mundo ve Palestina e intenta apartar la faceta humana: solo saben que de Gaza salen misiles de Hamas. No saben nada de los niños, ni de las familias y, cuando planteamos que hay una historia de amor, la gente se sorprende. Claro que hay amor en Gaza, incluso hay gente que se enamora e intenta cambiar el curso de sus vidas».
Sobre la inclusión de la estatua en la historia, afirma que «quizá el mundo necesite un suceso tan impactante como ese para posar su atención y poder reparar en la faceta más humana de las cosas. Cuando la gente ve el sector de Gaza en las noticias tratan de apartar la dimensión humana de lo que está pasando allí. Las personas de las que hablamos en la película habían vivido tres guerras hasta el momento de rodar el filme, que ahora llega a los cines después de la cuarta». Porque, como Arab Nasser recuerda, «cuando vives cuatro guerras la realidad no es tan tierna, pero también somos conscientes de la necesidad del humor. Los habitantes de Gaza aprenden a vivir con el sarcasmo, una herramienta a la que el hombre recurre para huir del sufrimiento, y más aún tras dieciséis años de asedio».

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