Mikel INSAUSTI
CRÍTICA «Mass»

Escenificación parroquial para una terapia familiar

La escenificación es fundamental en “Mass” (2021), de tal manera que el debutante Fran Kranz dedica un preámbulo a su obra dialogada a modo de preparación silenciosa para lo que viene. Dicho prólogo consiste en mostrar la calculada disposición dentro de un salón parroquial del mínimo y austero decorado para una mesa de diálogo. La simbología religiosa del lugar no es nada casual, y otorga a a la secuencia de apertura un aire entre ceremonial y litúrgico, como si allí se fuera a celebrar un importante ritual que, a la postre, se revelará íntimamente relacionado con la naturaleza cristiana del perdón. Al igual que el propio título en inglés, la reunión se presta a una doble lectura, porque en un sentido laico se puede interpretar como un acto de mediación, toda vez que una abogada se encarga de facilitar el acercamiento entre las dos partes litigantes o enfrentadas.

A fin de cuentas, la conversación a dos bandas a la que asistimos, teatralizada o no, acaba tratándose de una terapia familiar en toda regla. El dolor de la pérdida es el sentimiento común que ayudará a ir superando la batería de reproches inicial y, en definitiva, servirá de punto de encuentro entre la familia de la víctima y la del victimario. Como quiera que se trata de dos matrimonios cuyos respectivos hijos eran compañeros de instituto, el planteamiento recuerda a la adaptación que Roman Polanski hizo del montaje escénico de Yasmina Reza en “Un dios salvaje” (2011), pero con la diferencia de aquí no hay el menor resquicio para la ironía o la caricatura social.

Todo resulta mucho más emocional, mucho más desgarrador. Son cuatro personas hundidas intentando superar la tregedia generacional de las matanzas en los institutos estadounidenses, y que se cuestionan en lo que les toca tan sangrantemente los problemas educacionales derivados de una legislación que permite el acceso de menores a las armas de fuego, con fatales e irreversibles consecuencias.