Kiev apremia a la OTAN a entregar de inmediato más armas pesadas
Ucrania reclamó a la OTAN la entrega de más armamento pesado y recibirlo rápidamente, ante el temor a una ofensiva en el Donbass «que recordará a la Segunda Guerra Mundial», según el ministro de Exteriores, Dmytro Kuleba. A la vez, sigue apremiando a la población a que huya de la región, mientras las negociaciones con Moscú se atascan.

Con el temor a una inminente ofensiva rusa a gran escala en el este y la previsión de la OTAN de un conflicto que «podría durar años», Ucrania reclamó más armamento pesado a la Alianza Atlántica, ante la que su ministro de Exteriores, Dmytro Kuleba, afirmó que las necesita «ahora o será demasiado tarde».
En la reunión de la OTAN, exigió también que los occidentales dejen de comprar petróleo y gas rusos. «O nos ayudan ahora, y estoy hablando de días, no semanas, o su ayuda llegará demasiado tarde. Y mucha gente va a morir, muchos civiles van a perder sus hogares, muchos pueblos van a ser destruidos si esa ayuda llega demasiado tarde», añadió. En concreto, pidió aviones, misiles antibuque, vehículos blindados personales y sistemas de defensa aérea.
El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, respondió que los aliados «están decididos» a hacer más para apoyar militarmente a Ucrania, tanto en el corto, como en el medio y largo plazo. Hasta ahora sus miembros están suministrando de forma bilateral armas antiaéreas y antitanques, así como equipos y suministros médicos. Incluido armamento de fabricación rusa o soviética, por lo que Rusia advirtió con represalias.
«La clave es el plazo, no es la lista de armas sino cuándo las tendremos», apremió Kuleba, que señaló que la batalla por Donbass «empeorará. Les recordará a la Segunda Guerra Mundial». Las autoridades de Kiev siguen urgiendo a la población para que salga de estas regiones del este del país. Según fuentes occidentales, aunque Moscú ya ha completado el repliegue en el norte, todavía no han llegado todas sus unidades al frente del este. «Los próximos días pueden ser la última oportunidad para salir. Todos los pueblos libres de la región de Lugansk están bajo fuego enemigo» y las fuerzas rusas están «cortando todas las posibles rutas de salida», advirtió su gobernador, Serguii Gaidai.
El llamamiento a huir se centró sobre todo en Severodonetsk, la ciudad más oriental en manos de las fuerzas ucranianas, objetivo de bombardeos en los últimos días, aunque es toda la zona de Donbass, así como la vecina región de Jarkov, la que las autoridades ucranianas llevan unos días llamando a evacuar. Un gran número de personas llegan a la industrial Dnipro, a las que las autoridades instan ir aún más al oeste.
El Ejército ruso está focalizando sus últimos ataques en depósitos de combustible con el objetivo de anular la logística ucraniana en la zona y ayer anunció que había bombardeado cuatro depósitos de misiles.
El Kremlin reconoció ayer «un número significativo de bajas», sin concretarlas, en una ofensiva que sigue encontrando resistencia en Mariupol, donde las fuerzas prorrusas admitieron que todavía miles de combatientes –entre 3.000 y 3.500– permanecen pese al asedio de hace semanas y que tomar su control «llevará tiempo».
Los combates se centran en una amplia zona siderúrgica del grupo Azovstal –una ciudad dentro de la ciudad llena de pasos subterráneos– y en el puerto. En ellos participan las temidas unidades del checheno Ramzan Kadyrov del lado ruso y las del batallón neonazi Azov del ucraniano. Además, todavía permanecen civiles atrapados en situación catastrófica en una ciudad devastada.
El aspecto diplomático de la crisis no muestra signos de progreso. Rusia acusó a Ucrania de haberse retractado de algunas de las propuestas que había hecho durante las conversaciones a finales de marzo en Estambul.
Según el ministro ruso de Exteriores, Serguei Lavrov, el retroceso se debe a un cambio de postura en relación con Crimea y el Donbass, y con la posibilidad de celebrar maniobras militares sin autorización de Rusia.
Lavrov acusó a Kiev «de alargar e incluso abortar las negociaciones a través de la renuncia a los entendimientos ya alcanzados». «Vemos que el régimen de Kiev está controlado por Washington y sus aliados, que empujan al presidente Volodymir Zelensky a continuar las acciones militares», lamentó Serguei Lavrov.
La ONU expulsa a Rusia del Consejo de Derechos Humanos
La Asamblea General de Naciones Unidas aprobó excluir a Rusia del Consejo de Derechos Humanos en respuesta a presuntas «violaciones graves y sistemáticas de los derechos humanos» en la guerra de Ucrania, una decisión que salió adelante con 93 votos a favor, 24 en contra y 58 abstenciones. Con todo, frente a anteriores votaciones contra Rusia, algunos (como India o Brasil) pasaron del apoyo a abstención y casi una veintena de países, entre ellos China, de la abstención al ‘no’, Poco después Rusia denunció «una medida ilegal y política» y anunció que se retira voluntariamente del organismo asegurando que se ha convertido en «un instrumento de EEUU y sus aliados».
El Consejo de Derechos Humanos, con sede en Ginebra, está compuesto por 47 países, elegidos para mandatos de tres años. Rusia estaba en el segundo año, y ha sido miembro habitual, aunque en 2016 no logró su reelección. Desde que se creó el Consejo, solo otro país había sido suspendido: la Libia de Muamar el Gadafi, en 2011, aunque meses después fue readmitida. En 2018, durante la Gobierno de Donald Trump, EEUU se retiró del órgano argumentando un supuesto sesgo contra Israel, aunque volvió con estatus de observador el año pasado y en marzo empezó su mandato como miembro.
Aunque ya barajaba la expulsión de Rusia, Washington decidió dar el paso tras conocerse la matanza de Bucha, donde las autoridades ucranianas acusan a tropas rusas de matar a cientos de civiles. Moscú denuncia un montaje con el objetivo de torpedear las negociaciones. La masacre ha suscitado denuncias de «crímenes de guerra» que los occidentales apoyan con imágenes de satélite y ayer con grabaciones de la Inteligencia alemana. Por otro lado, el “New York Times” confirmó ayer un vídeo en el que soldados ucranianos ejecutan a soldados prisioneros rusos.GARA
Hungría desafía la política de sanciones de la Unión Europea
El Gobierno húngaro sigue desafiando no ya al grupo de Visegrado, roto por las posturas divergentes hacia Ucrania, sino la política de la UE hacia Rusia. Después de que el recién reelegido Viktor Orban anunciara su disposición a pagar en rublos el gas ruso, Budapest recibió ayer desde Rusia el primer envío por vía aérea de combustible nuclear para su central de Paks, que una empresa rusa tiene previsto ampliar con un contrato de 12.500 millones de euros. El ministro de Exteriores de Hungría, Peter Szijjarto, insistió también en que su país rechaza cualquier sanción que afecte a la compra de gas o de petróleo rusos, y calificó de «línea roja» cualquier medida punitiva de la UE sobre actividades relacionadas con la energía eléctrica. A pesar de ello, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, aseguró que no ve signos de que alguno de los Veintisiete esté en desacuerdo con las sanciones. El quinto paquete de medidas contra Rusia de la UE incluye la prohibición de importaciones de carbón, y trabaja en futuras sanciones que incluyan el petróleo, mientras el gas suscita mayores discrepancias. Szijjarto también acusó a Kiev de insultar a Hungría, tras las críticas ucranianas porque Budapest no responsabilice a las tropas rusas de las matanzas de Bucha y por «ayudar a Putin a continuar su agresión contra Ucrania» al no respaldar las sanciones.GARA

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