Raimundo Fitero
DE REOJO

El agua

Con todas las precauciones recomendables, hablar del agua, es hablar de un problema inmediato, a corto y largo plazo aquí y en el resto del planeta llamado azul porque está formado principalmente por agua. En Chile, por ejemplo, llevan trece años de sequía y están empezando a tener problemas de suministro en ciertos territorios. En muchos lugares de África hay extensas poblaciones que pueden contarse en millones de personas que no tienen agua corriente a su alcance. Esta situación de falta de agua, con todos los matices que se quieran aplicar, afecta a otros lugares de América o de Asia. Por lo tanto, en una parte del mundo los problemas derivados del agua forman parte de nuestra propia concepción del bienestar. No como algo importante e imprescindible para sobrevivir. De momento.

Y de repente unas aplicaciones de las leyes convierten el agua en un asunto de discusión. Los restaurantes y cafés están obligados a servir agua del grifo gratuitamente. Parece una obviedad, pero eso no existía de manera generalizada. En muchos restaurantes pedir agua es pedir una botella de agua embotellada a precio relacionado con la carta general. A partir de ahora, una jarrita de agua es obligación. Los empresarios de la restauración dicen que eso les cuesta dinero: jarras, vasos, limpieza de los mismos. Excusas. Entre otras cosas, esta medida de dispensar agua corriente sirve para rebajar los residuos plásticos, la gran amenaza.

Los tribunales han tirado para atrás una norma por la cual en los aeropuertos españoles se podía encontrar botellines de agua a un euro. Acabada la norma, el agua en los aeropuertos se pondrá a precio de champán francés. ¿Se podrían poner puntos de agua gratuitos y garantizada su potabilidad? La duda es si se puede acabar con la gran estafa del agua embotellada. Bastante difícil.