Raimundo Fitero
DE REOJO

Flotante

Mientras espero con cierta retranca fronteriza y con angustia la decisión de los votantes franceses, me dedico a pasear por los conceptos más aleatorios de las teorías o doctrinas políticas que escapan de lo coyuntural y mediático, esa inmediatez que tiñe todo de una urgencia banal que corrompe el tiempo del pensamiento y la reflexión. Así ando yo. Enredado y flotando entre maneras de mirar al otro, a los otros y a los propios. Y todo porque leo de sopetón al hijo de un viejo amigo convertido en un analista internacional, señalando la posibilidad de que Macron trabaje sobre la idea de la ideología flotante. Atención.

Todo viene de Ernesto Laclau, ese filósofo argentino que excede todos los contextos y plantea cuestiones que obligan a pensar y repensar lo planteado hasta llegar a una conclusión que puede ser muy simple, pero expresada en términos muy complejos, y que se conoce como los significantes flotantes en los discursos políticos. Un encuentro en la fase discursiva entre estos significantes flotantes y la polisemia, para entendernos.

O dicho de manera castiza, la posibilidad de cambiar tu supuesto pensamiento político o ideología en función del contrario, es decir, variando de estrategia propositiva mientras escuchas por la radio a tus intoxicadores preferidos, lees de manera sesgada los resultados de la última encuesta y descifras la cara de tus asesores.

Exactamente, flotantes, flotando, suspendidos en la nebulosa de lo incierto, de lo que es un eslogan y no el resumen de un proyecto. Miren por ejemplo a Ayuso, ganó las elecciones madrileñas con un programa inexistente, en blanco, solamente aquello de comunismo o libertad. Donde no hay nada, cabe todo. Así se crean estados de opinión asumidos popularmente que propician la demolición democrática. ¿En qué estás pensando?