Koldo LANDALUZE
CRÍTICA «Un pequeño plan... como salvar el planeta»

Afable, naif y colonial

Sorprende la facilidad con la que “Un pequeño plan... como salvar el planeta” desarbola al respetable con su mezcla de emotividad y mordacidad. Dos sensaciones que cohabitan en un filme pequeño, muy pequeño, cuya premisa argumental bordea lo cursi y se queda en un afable territorio naif. Louis Garrel se descubre como un equilibrista consumado ante el reto que nos propone. En su vertiente interpretativa, Garrel ha participado en numerosos proyectos e incluso se le ha llegado a definir como un heredero de la nouvelle vague gracias a interpretaciones como las que ha realizado en películas como “Soñadores” de Bertolucci o las aportaciones que hizo ante la cámara de su padre, Philippe Garrel.

Tras el prestigio que cosechó con su segunda película detrás de la cámara, “Un hombre fiel” –coescrita con el célebre colaborador de Luis Buñuel, el versátil Jean-Claude Carrière–, Garrel volvió a contar con un guion firmado por Carrière antes de su fallecimiento, ocurrido el pasado año. De esta manera, su tercera propuesta se transforma en un homenaje al autor de guiones como “Ese oscuro objeto del deseo”.

El filme nos invita a ser testigos de una farsa en la que se entrecruzan profecías apocalípticas relativas al cambio climático y una especie de reflexión en torno a los daños ideológicos que supuestamente provoca el paso del tiempo.

Ello se concreta en las figuras del propio Garrel y Laetitia Casta, los cuales encarnan a un adocenado matrimonio burgués cuya mecánica cotidiana se altera por completo cuando descubren que su hijo ha vendido objetos de gran valor familiar para financiar un proyecto en África que tiene como objetivo detener el cambio climático. Con semejante mimbre argumental, el filme nos coloca en una tesitura difícil por que, a pesar de sus buenas intenciones, se intuye en su tramoya un desagradable aroma colonialista.