Las peluqueras de barrio no se dejan intimidar

Lo que más me gusta de “Deadly Cuts” (2021) es su absoluta consciencia de ser una película barata y, en lugar de acomplejarse por la falta de presupuesto, la debutante Rachel Carey muestra mucho descaro para hacer una comedia gamberra de chicas empoderadas. La actitud que maneja la realizadora y guionista de la película es exactamente la misma de sus personajes, que son peluqueras de barrio que se sienten orgullosas de serlo y que no se dejan intimidar por el patriarcado y sus representantes hostiles, ya sean autoridades locales o matones deseosos de controlar el territorio. El estilo visual descuidado también le va, por cuanto se muestra una zona urbana deprimida de Dublín, en la que la gente lucha en un día a día que en nada se parece a la imagen sofisticada que venden las revistas de belleza, y que pueden invitar a las jovenes locales a probar suerte en el centro de la ciudad o en el extranjero.
Pero “Deadly Cuts” (2021), tal como avanza su título original, es además una comedia negra. Es obvio que en las peluquerías hay tijeras y aquí hay un crimen cometido en legítima defensa frente a los abusos machistas. El secreto a guardar dentro del grupo de esteticistas no hace sino acrecentar la sororidad interna entre mujeres que comparten un oficio y unas aspiraciones justas, que les llevan a participar en un concurso de alta peluquería auspiciado por el divo de turno. Más que el premio o el reconocimiento, lo que cuenta en esa discotequera competencia es dar a conocer su lugar de procedencia y conseguir apoyos frente a la amenaza de la gentrificación. Todo el reparto está de diez en una actuación colectiva que se aleja del concepto de chica Almodóvar, tanto en cuanto estas irlandesas revelan un perfil más duro bajo su aspecto de “fashion victims” de clase obrera. Angeline Ball, que se hace querer en todo instante.

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