Raimundo FITERO
DE REOJO

Somos millonarios

Escucho un estribillo que me deja aturdido y perdido en la conciliación entre deseo y realidad, especialmente porque cuesta situarse debido a la bruma. ¿Soy clase trabajadora o media? La respuesta tiene canción: depende. Pero, ¿de qué depende? Y se extiende la bruma por territorios, relaciones entre ingresos y precios, inflación y todos los tutoriales sobre estratificación social que he olvidado y lo que es más eficaz, he perdido. Por lo tanto, me agarro a una investigación de esas que llevan marchamo universitario en la que se asegura que a cada habitante de este planeta que alguien llamó azul, nos corresponden algo más de dos millones y medio de hormigas.

Así que ni en la calculadora de mi memoria portátil de forma rectangular caben las cifras: existen veinte mil billones de hormigas distribuidas por todos los rincones de la Tierra. Son cifras majestuosas, magnificentes, asombrosas debido a que no he conseguido encontrar en el artículo el método que las investigadoras han utilizado para llevar a esta cifra, que se nota que está redondeada, y a lo mejor son diecinueve mil ochocientos diecisiete billones, pero que solamente es comparable dentro del pensamiento mágico más rutinario con la cantidad desorbitada de millonarios chinos existentes.

Dicho de paso, en las pruebas de seguridad vial, dos marcas de coches eléctricos chinos han obtenido las mejores valoraciones. Y ha sido en Europa, donde se van a importar en breve. Los millonarios tendremos hormigas y coches chinos, pero nos faltara la langosta roja menorquina que no se puede pescar. Puto gobierno.