Un cruce de emociones íntimas

La nueva película de Aly Muritiba está muy arraigada en la propia sociedad brasileña. Se trata de un drama íntimo en el que topamos con la crisis emocional que padece un hombre que, cruzada la frontera de los 40 años, fue suspendido de su trabajo como instructor policial debido a un episodio accidental que fue viralizado a través de las redes sociales. De esta forma, se ve obligado a ejercer labores de agente de seguridad privado. A todo ello se suma que debe hacerse cargo de su padre de avanzada edad. Su gris existencia queda subrayada por la soledad y la carencia de amistades. Tan solo mantiene una ventana abierta que aporta un poco de luz a su triste mecánica cotidiana, las conversaciones que comparte con una joven con la que se comunica frecuentemente a través de internet.
La vida le depara al protagonista un nuevo revés cuando la joven deja de escribirle repentinamente. Espoleado por la incertidumbre, el hombre decidirá emprender un largo viaje para dar con su paradero. Es en esta etapa del filme cuando su trama da un giro y no tarda en descubrirnos la verdadera cara de la joven que desapreció de manera misteriosa, la cual, en realidad, es un joven que debe ocultar su doble identidad a su familia y a la comunidad evangélica a la que pertenece. Con estos mimbres, el firmante de películas como “Para minha amada morta” (2015) y “Ferrugem” (2018) contruye un puzzle emocional filmado con pausa y naturalidad cuya interesante premisa se ve lastrada un tanto por lo forzado que resultan en algunos momentos sus interpretaciones. A pesar de ello, Muritiba ha logrado sacar adelante una película de gran empaque dramático y muy valiente, tanto en su plano temático como en su resolución técnica.

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