Koldo LANDALUZE
PERFIL [ ANNIE ERNAUX ]

Una premio nobel contra la memoria de las humillaciones

(Julie SEBADELHA | AFP)

Mi padre intentó matar a mi madre un domingo de junio. Fue a primera hora de la tarde. Yo había ido como de costumbre a misa de doce menos cuarto y después a comprar unos dulces a la pastelería del centro comercial de la ciudad, un conjunto de edificios provisionales construidos después de la guerra. Cuando volví, me quité la ropa de domingo y me puse un vestido de estar por casa. Después de que los clientes se marcharan y de que echáramos el cierre del colmado, empezamos a comer». En este fragmento de “La vergüenza”, la escritora Annie Ernaux aglutina algunas de sus constantes más recurrentes: su vida, su familia, su pequeño reducto de Normandía y un estilo literario muy fotográfico a través del cual se define un discurso profundo, afilado y que lega en el lector la sensación de estar ante un monólogo tan descarnado como directo. En varias ocasiones, Ernaux ha reconocido que la obra de Simone de Beauvoir “El segundo sexo” le permitió reflexionar acerca de su propia condición de mujer, porque desde muy joven había sufrido personalmente, y sin poder explicarlo, las diferencias que implicaba el hecho de ser del sexo femenino, de verse relegada, por convencionalismos morales y sociales, a la clase dominada.

Ernaux interpela con crudeza a nuestra sociedad mediante un estilo áspero, a ratos ácido, conmovedor y demoledoramente franco. En palabras de la propia escritora «espontáneamente adopté una escritura violenta, como única manera de responder a la memoria de las humillaciones».

Nacida en la localidad normanda de Lillebonne en 1940,

se crió en el seno de una familia humilde que regentaba un bar y un ultramarinos en Yvetot, donde pasó su infancia y adolescencia. Una etapa que quedó profundamente grabada en la memoria de una escritora que, posteriormente, transformó en palabras: «En el bar ultramarinos vivimos entre la gente, o sea, la clientela. Nos ven comer e ir a misa y a la escuela y nos oyen lavarnos en la cocina y mear en un cubo. Esta exposición constante nos impone una conducta decorosa y nos impide manifestar ninguna emoción». De aquella primera etapa vital nacieron los capítulos de su novela “La otra hija”. Una carta que dirigió a su hermana, muerta dos años antes de que ella naciera y cuya existencia descubrió al oír de manera accidental una conversación entre su madre y una clienta.

La escritora nunca reveló a sus padres que había descubierto aquel secreto, tampoco les preguntó nada acerca de ello y se estableció un pacto de silencio que selló una verdad. «Murió como una pequeña santa» o «era más buena que esa», son algunas de las frases que Ernaux escuchó en aquel diálogo que su madre mantuvo con su vecina y que, en su traslado al universo de las letras, lo plasmó mediante una elipsis que recreaba el testimonio de una tragedia familiar.

Firmante de títulos como “La mujer helada” (1981), “Una mujer” (1987), “No he salido de mi noche” (1997), “Perderse” (2001), “El uso de la foto” (2005), “Los años” (2008), “Memoria de chica” (2016), “Una mujer” (2020), ha elaborado un conjunto de obras huérfanas de cualquier atisbo de lirismo y resueltas a través de una crudeza directa y austera.

Joseba Urteaga ha traducido tres de los cuatro libros

publicados en euskara por la editorial Igelak -’Gertakizuna’, ‘Lekua’ y ‘Pasio hutsa’- y en su opinión «sus narraciones autobiográficas, que parten de lo vivido, aunque la autora no los califica como autobiográficos, sino que prefiere llamarlos ‘sociobiográficos’. A este grupo pertenecen de lleno los tres libros que yo traduje: ‘Lekua’ (‘La place’), en la que nos aparece la figura de su padre, libro fundamental en su obra; ‘Gertakizuna’ (L’événement), en que nos cuenta la terrible experiencia de su aborto; y ‘Pasio hutsa’ (Passion simple), una experiencia amorosa íntima. En ellos, Annie Ernaux siempre tiene en cuenta el contexto, la historia cultural e incluso la sociología. Las autobiografías al uso parten de uno mismo y se limitan a dejar el contexto histórico en el fondo, mientras que ella aspira más bien, en palabras suyas, a inscribirse en ese paisaje, como si fuera una figura más. Utilizando siempre ese estilo preciso, cortante y personal que es marca de la casa».

Sobre su estilo, Urteaga afirma que «el estilo, su escritura, es, sin duda, su característica más propia y destacable. Un estilo que ha mantenido su sello definitorio a lo largo de casi toda su obra, salvo en sus tres primeros libros, las novelas de ficción, de una escritura más ‘literaria’, aunque la autora misma reconoce que quizá haya variaciones de un libro a otro en lo referente al ritmo de las frases, al tempo... con cierta tendencia a través de los años hacia una escritura más desnuda, más límpida». «La misma autora nos dice que tras los tres primeros libros, sintió un fuerte rechazo de la ficción. Fue cuando escribió “Lekua” (“La place”, 1983) a partir de la muerte de su padre. Utilizar la ficción le pareció una especie de traición. Sintió que no tenía derecho a transformar su experiencia real en una novela».