Maite UBIRIA
BAIONA
SITUACIÓN DEL SISTEMA SANITARIO

Los problemas para acceder al médico se hacen notar en Ipar Euskal Herria

Distancia física y exceso de honorarios. Son los dos vectores esenciales de la llamada fractura sanitaria en Ipar Euskal Herria. Médicos generalistas, oftalmólogos, ginecólogos y pediatras encabezan la lista de la penuria, de acuerdo a las asociaciones de usuarios. Instituciones locales y la Mancomunidad Vasca se enfrentan al reto de preservar servicios esenciales.

La antigua estación de tren de Baigorri se remodeló en 2015 para acoger la nueva casa de salud.
La antigua estación de tren de Baigorri se remodeló en 2015 para acoger la nueva casa de salud. (MEDIABASK)

Hace unos cuatro años que se jubiló la última ginecóloga que pasaba consulta diaria en Hendaia. Nadie ha venido a sustituirla a pesar de las demandas que se han hecho llegar, de manera insistente, desde la localidad costera.

Como solución temporal, el equipo del Hospital de Baiona puso en marcha, en junio de 2020, una consulta semanal en el centro Concha Berri. Un servicio a todas luces insuficiente para dar atención a una población de más de 16.000 habitantes. El equipo de ginecólogos del centro Elgar de Donibane Lohizune, el más próximo, hace tiempo que no admite a nuevas pacientes. Su recepcionista recomienda a las hendaiarras que prueben suerte buscando ginecóloga en Biarritz o Baiona.

Es solo un ejemplo de una creciente penuria de profesionales que, por lo habitual, se asocia con el mundo rural pero que, por diversos motivos -falta de una universidad de medicina en Ipar Euskal Herria, fallas de planificación de las especialidades, presión inmobiliaria que encarece el instalar la consulta...-, empieza a sentirse también en las zonas cmás pobladas.

La asociación de defensa de los consumidores UFC-Qué Choisir hizo público ayer un estudio, dotado de un mapa interactivo, que permite a quien lo desee comprobar si la llamada fractura sanitaria afecta -y de qué forma- a su municipio. La costa labortana figura en el mapa como zona en la que el acceso al médico de familia resulta relativamente fluido, pero las cosas se complican más, según localidades, en el caso de tener que recurrir a especialistas como ginecólogos, oftalmólogos o pediatras.

Sin embargo, el mapa pasa progresivamente a color rojo conforme se viaja de la costa y, sobre todo de las urbes, hacia las zonas más aisladas.

Desertificación médica

Varios casos, elegidos al azar, sirven para hacerse una idea de cómo afecta la amenaza de la desertificación médica a la que ayuntamientos y Mancomunidad Vasca tratan de hacer frente desde hace varios años. Lo hacen de la mano de iniciativas como la de crear casas de salud que reagrupan diferentes consultas, al estilo de la inaugurada en 2015 en Baigorri, de las existentes en Maule y en Atharratze y de la la prevista para Amikuze.

Una solución similar, ideada para Barkoxe, explica que en ese mapa interactivo al pulsar el nombre de la localidad bajonavarra aparezca la reseña de que el acceso a un médico generalista es «mejor a la media»; es decir, que puede acudirse a una consulta haciendo un desplazamiento «inferior a 30 minutos», según el método de UFC-Qué Choisir.

Sin embargo, una vecina de Arnegi o un habitante de Hauze «tendrán bastante difícil el acceso a un médico generalista a cualquier tarifa», según el baremo de UFC-Qué Choisir.

Hazparne atesora un mejor acceso a la medicina de familia, pero una vecina de esa localidad -que contando con su área de influencia alcanza los 15.500 habitantes- no encontrará un ginecólogo sin desplazarse hasta Baiona.

Para los baigorriarras acudir a un oftalmólogo implicará optar entre Izpura o Donapaleu, y el desplazamiento hacia el BAB (Biarritz-Angelu-Baiona) se impondrá caso de precisar de una consulta pediátrica.

Tarifas

Los anteriores son solo algunos ejemplos de los efectos en los tres territorios vascos de una desigualdad en el acceso al servicio sanitario que no solo se mide desde el punto de vista geográfico, ya que, dadas las particularidades del sistema sanitario francés, con tarifas diferentes en función de si el médico se ajusta a los baremos que fija la Seguridad Social (25 euros por visita, el médico generalista) o ejerce con «estatus liberal», hay ciudadanos que deben soportar lo que la asociación estima como «un abuso de honorarios» para poder acceder a cuidados médicos esenciales.

De ahí que, entre críticas al Presupuesto 2023 de la Seguridad Social, UFC-Qué Choisir apele a «regular de una vez la instalación de profesionales en los ‘desiertos médicos’ y a poner coto a los excesos en el cobro de honorarios».