Ramón SOLA
DONOSTIA

Otro golpe al muro que mantiene oculto lo ocurrido con «Naparra»

Egiari Zor sigue en su campaña de exigir la verdad sobre casos concretos de violencia estatal, y en este camino la estación más dramática es la de quienes fueron hechos desaparecer. Ayer lo hizo ante el baserri familiar de «Naparra», víctima ocultada hace ya 43 años.

Un momento del homenaje a «Naparra».
Un momento del homenaje a «Naparra». (Idoia ZABALETA | FOKU)

Cada 11 de junio, el baserri Igarolabekoa de Lizartza es el fuego que mantiene viva la memoria de José Miguel Etxebe- rria Alvarez «Naparra». Sus padres, Patxiku y Celes, ya no están, pero la verdad sobre dónde y cómo acabaron con el militante vasco sigue faltando. Ya son 43 años desde 1980, y se le suma la impotencia añadida de intentos frustrados como la excavación en Labrit (Las Landas) en 2017.

Esta vez ha sido la fundación Egiari Zor la que ha contribuido a poner el foco sobre el caso, dentro de su campaña para exigir que se aclaren de una vez estos crímenes de Estado, en el acto que anualmente realizan sus allegados.

A LA ESPERA DE LA SEGUNDA

Un aurresku dio inicio al acto ante el monolito que recuerda a José Miguel, ante el baserri de la familia Etxeberria Alvarez, entre Lizartza y Gaztelu. «Ene begiek ez dute malko isuritzeko gogorik, denik eta bizitza bakarra bizi dutelako. Beti gogoan, maite zaituztegu», se puede leer ante un retrato del joven militante junto a su ama y su aita. Su hermano Eneko Etxeberria explicó después el momento actual de la investigación, un tanto desesperante. Cinco años después, siguen a la espera de una nueva excavación de las autoridades francesas en el segundo lugar indicado por una fuente de las cloacas del Estado a la que se otorga cierta credibilidad. La primera no dio resultado y aumentó la desazón de sus allegados; entonces todavía vivía Celes Alvarez.

SOLIDARIDAD DE OTRAS VÍCTIMAS

«Ya veis que seguimos sin poder romper ese muro, pero entre todos y con esfuerzo al final conseguiremos encontrar agujerearlo», aseveró Etxeberria, tras dar las gracias a quienes siguen en esta pelea.

Tras el sonido de la gaita y el “Eusko Gudariak”, el acto se cerró con tres gritos: «Gora Euskadi askatuta», «Gora Naparra» y «Gora gu eta gutarrak». Un almuerzo animado con música prorrogó esta efeméride y renovó el compromiso con la búsqueda inacabada, con el esclarecimiento de una desaparición cuya ocultación cada vez resulta más incomprensible. La ONU, que recibió a sus allegados en 2020, tiene catalogado a José Miguel Etxeberria como víctima de desaparición forzada.

A Igarolabekoa se acercaron para solidarizarse con la familia otras víctimas de la guerra sucia, como Fermin Rodríguez, hermano de Germán Rodríguez (Sanfermines 1978) y Axun Lasa, hermana de Joxean Lasa, víctima de los GAL.