Igor Portu, en la UCI: cuando la tortura salta a la primera plana

Por contadas, y por tanto excepcionales, las pruebas de la tortura aplicada en dependencias policiales contra la disidencia vasca han originado sacudidas sociales y políticas en Euskal Herria, seguramente menores de lo que la gravedad de los hechos requería en el ámbito institucional. En todo caso, han supuesto un acontecimiento para nuestro medio de comunicación.
Las que llegaron a la redacción el 7 de enero de 2008 no fueron tan contundentes como las fotografías realizadas al cadáver de Joxe Arregi, o aquellas en las que se apreciaban las marcas de quemaduras dejadas por los electrodos en el cuerpo de Iratxe Sorzabal, o esas tan virales del rostro desfigurado de Unai Romano. Se trataba de un parte médico elaborado por los facultativos que atendieron al lesakarra Igor Portu en el Hospital Donostia después de que fuera detenido, junto a su paisano Mattin Sarasola, la víspera por la Guardia Civil en Arrasate.
16 horas después del arresto, Portu fue llevado al hospital y acabó ingresando en la UCI por la gravedad de sus lesiones: un pulmón perforado, una costilla rota, hemorragia en un ojo y hematomas y erosiones en todo el cuerpo.
PRIMICIA DE INFO7 IRRATIA
El parte médico, que hizo público Info7 Irratia en el informativo de las 11.00 y que GARA difundió íntegramente en su edición digital, no podía ser más completo, ya que también recogía el relato de Portu de que había recibido puñetazos y patadas en cara, tórax, abdomen y extremidades.
Ante la rotundidad del informe, las autoridades españolas se apresuraron a ofrecer una versión que “explicara” las lesiones. Primero filtraron que la fractura de costilla se produjo a consecuencia de la resistencia que opuso el lesakarra al ser introducido en un vehículo policial. Después, sobre las 8 de la tarde, el ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, ofreció una rueda de prensa en la que apuntó que las heridas se produjeron cuando cuatro guardias civiles tuvieron que abalanzarse sobre los dos jóvenes cuando «emprendieron la huida». Y poco más explicó. La versión policial, y oficial, no hacía más que acrecentar las sospechas.
Y fue resquebrajándose y haciendo agua a medida que pasaron las jornadas. Primero, el día 10, un testigo presencial declaró en el Juzgado de Bergara que no hubo detención violenta. Y a última hora del día siguiente se conoció que la declaración de Sarasola, incomunicado, ante el entonces juez de la Audiencia Nacional Fernando Grande-Marlaska coincidía plenamente con lo relatado, también incomunicado, por Igor Portu al Juzgado de Instrucción de Donostia, que ya investigaba sus lesiones: que no opusieron resistencia y sí, por contra, fueron objeto de malos tratos tras ser conducidos, nada más ser atrapados, por una pista forestal a un lugar cerca de un río. Todo ello, antes de ser trasladados al cuartel de Intxaurrondo y de allí a Lesaka para el registro de sus domicilios. Esa coincidencia fue incluso resaltada por el hoy ministro de Interior en el auto de prisión de Sarasola.
EN EL LUGAR DE LOS HECHOS
Tras tener conocimiento de todas esas circunstancias, GARA tomó la decisión de ir al lugar en el que ocurrieron los hechos: al barrio arrasatearra de Udala, al mismo punto descrito por los detenidos.
Y allí pudo constatar un par de cosas, tal como publicó en su edición del día 12: la existencia de un control de la Guardia Civil aquel día 7, a partir de las 10.00, en la muga de Gipuzkoa con Araba en dirección a Aramaio -información recopilada entre varios testigos-; y que inmediatamente después del cruce hacia Untzilla y Suiña descendía una pista hacia el río Aramaio, con marcas visibles aún de neumáticos de importantes dimensiones. Aquel paraje concordaba perfectamente con el que describían Portu y Sarasola en sus declaraciones judiciales.
Ese mismo sábado 12 pudo ofrecer también a sus lectoras la transcripción textual de la declaración de Portu. Además de los golpes referidos en el parte médico, relataba que, con las manos esposadas a la espalda, tres guardias civiles le sumergieron varias veces la cabeza en el río. También refirió malos tratos y amenazas en su breve paso por Intxaurrondo… hasta que de madrugada acabó hospitalizado.
Si para Portu el tormento finalizó ahí, para Sarasola no había hecho más que comenzar. Se lo contó a Grande-Marlaska, y lo detalló en un extenso testimonio que este medio ofreció en su integridad el día 18. La fotografía de portada era para él, con el torso desnudo dejando ver diversos hematomas, acompañado de este titular: «Me bajaron por una pista y simularon mi ejecución; me dijeron que me harían lo de Zabaltza».
Gracias a las pruebas, la concordancia de sus relatos aun estando incomunicados y la fragilidad de la versión oficial, las diligencias emprendidas en la Audiencia de Gipuzkoa acabaron en juicio contra 15 agentes de la Guardia Civil. Un hito, por lo novedoso. El proceso judicial acabó con una sentencia que, en diciembre de 2010, condenaba a prisión a cuatro guardias por un delito de torturas graves y lesiones -una sorpresa mayúscula, por lo inaudito-, mientras que absolvía al resto.
TS Y EUROPA
Los condenados recurrieron, y el Tribunal Supremo los absolvió en noviembre de 2011. En su resolución llegaba a criticar al juez de Donostia por dar más credibilidad a los forenses de la Audiencia guipuzcoana que a los peritos de parte, entre los que se encontraba el forense que dijo que Unai Romano se autolesionó con una puerta, y afirmaba que los testimonios de Portu y Sarasola eran una invención y que ETA se había encargado de encontrar testigos.
Transcurridos diez años de los hechos, en febrero de 2018, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos sentenció que los lesakarras fueron objeto de maltrato y condenó al Estado español a indemnizarlos con 30.000 y 20.000 euros. Estrasburgo consideró vulnerado el artículo 3 de la Convención Europea de DDHH, que concluye que «nadie podrá ser sometido a tortura ni a tratos inhumanos o degradantes».
El Gobierno español, con Mariano Rajoy al frente, minimizó la condena con un llamativo «no hay secuelas» que trataba de ridiculizar las lesiones de Portu, que según los forenses pudo incluso fallecer. E interpelado por EH Bildu, respondió, prepotente, que el Reino de España «solo» ha sido condenado nueve veces por el Tribunal Europeo.
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