El papa visita Timor Oriental, país católico que pagó con sangre su independencia
El papa Francisco fue recibido en Timor Oriental por decenas de miles de personas reunidas a lo largo de las calles de Dili, capital de este país predominantemente católico, donde su visita despierta un fervor extraordinario.
Después de Indonesia y Papúa Nueva Guinea, Jorge Mario Bergoglio aterrizó ayer por la tarde en Dili para la tercera etapa de su maratoniana gira por Asia-Pacífico, la más larga y lejana de su pontificado, que continuará mañana en Singapur.
INDEPENDENCIA TRAUMÁTICA
La historia del país más joven del Sudeste Asiático, una naciente democracia de 1,3 millones de habitantes, ha estado marcada por siglos de colonización portuguesa, 24 años de ocupación indonesia (1975-1999) y un referendo apoyado por la ONU. Esta visita papal al país, que vio la llegada del catolicismo de la mano de misioneros en el siglo XVI, es la primera desde su independencia en 2002, y el plato fuerte será una gigantesca misa al aire libre hoy, donde se esperan 700.000 fieles. La última visita a Timor Oriental fue la de Juan Pablo II en 1989, cuando el país aún estaba bajo ocupación indonesia.
Desde la independencia, tras una sangrienta ocupación que dejó más de 200.000 muertos, los líderes de la «Generación del 75» son héroes de la independencia, empezando por el José Ramos-Horta, ganador del premio Nobel.
«Timor Leste» es uno de los países más pobres del mundo y depende en gran medida de los ingresos del petróleo y el gas, cuyas reservas, según los expertos, podrían agotarse en unos años. Sufre, además, una corrupción endémica y una grave violencia de género, y la violencia doméstica contra las personas con discapacidad y el trabajo infantil siguen siendo algo común.
Sin olvidar la pederastia en la Iglesia católica. El caso más emblemático es el de monseñor Belo, obispo que ganó el Premio Nobel en 1996 por su papel en la independencia, acusado de violencia sexual contra jóvenes durante una veintena de años y sancionado en secreto por el Vaticano en 2020. El papa arremetió genéricamente contra los abusos sexuales a menores, una lacra «que se da en todo el mundo».

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