Invertir en altruismo
Imposible establecer una línea discusiva sin que las contradicciones aneguen cualquier posibilidad de acercarse a una realidad tan cambiante. Como decía hace poco El Roto, ese gran filósofo del dibujo diario, “la muerte es una experiencia única”, por lo que nada sabemos de lo que sucede en esa otra manera de ser materia, tenemos una especie de respeto, miedo y admitimos la fatalidad de que nuestro destino final es llegar a esa experiencia única.
La acumulación de ausencias, la continuidad del desastre a la vista pública, la capacidad individual, colectiva, partidista, institucional para lograr la máxima eficacia en estas circunstancias sobrevenidas se debe acompañar de un tono de respeto y empatía en la comunicación, lo que nos lleva a intentar desactivar de la mejor manera posible la selección informativa de cada cadena, medio, red, ya que lo grueso, lo imposible de ocultar es superlativo, pero subyacen otras circunstancias, otros microdramas, otros intereses que pueden convertirse en actos propagandísticos, inversiones de futuro, creación de imagen que oculte sus miserias. Cada vez que veo al chef José Andrés repartiendo comida en todas las zonas conflictivas del mundo entro en combustión contradictoria por que me parece que se trata de una multinacional de no sé exactamente qué. En el lado opuesto me entran ardores metafísicos al ver cómo gremios de asistencia se muestran ofendiditos porque denuncian que no les han dejado ir a València a ayudar. Los civiles de las palas y escobones fueron sin pedir permiso. Los profesionales deberían hacer lo mismo y no hacerse publicidad.

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