Paso a paso
Es el día más adecuado para nombrar a un militar como vicepresidente de la Generalitat de València que, en su primera entrevista pública, advierta de que llega como técnico, que no es político ni se va a someter a criterios partidistas para emprender su nueva misión o destino en lo universal. El dictador asesino, Francisco Franco, les decía a sus ministros con su voz aflautada: «ustedes hagan como yo, no se metan en política». El militar ha tardado unas horas en nombrar a otro militar de su segundo en el cargo y se presagia una escalafón con estrellas.
Así iremos viendo que el plan funciona, que la involución es absoluta, que los militares van ocupando puestos políticos de una manera vergonzante, porque ninguno de los generales nombrados sabe nada de la reconstrucción civil de una catástrofe como la vivida. Cuando los entorchados asumen estos cargos algo anda mal, porque en este caso parece claro que es una jugada bien estudiada, se reclamó a gritos la presencia del Ejército en la ayuda, cosa lógica por la instrucción que recibe la clase de tropa y por tener lo medios adecuados y, ahora, aparecen altos cargos en la reserva para salvar la pésima situación política y lanzar a los cuatro vientos un mensaje demoledor, porque hacen creer que son ellos los únicos capaces de encontrar soluciones.
Mal asunto, preámbulo incierto, una decisión que deben conocer, consentir, apoyar y quizás hasta aplaudir, los dirigentes de la extrema derecha bicéfala y que dibuja un avance, paso a paso, en la involución manifiesta que debe poner en alerta roja a toda la ciudadanía porque van a pasar otra vez.

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