Raimundo FITERO
DE REOJO

Uniformidad vicaria

Existe un estado de sumisión digital que nos lleva a buscar de manera inconsciente una integración social que escapa a todas las condiciones previas por edad, situación geográfica, economía y credo. Superando todo lo que significa la uniformidad estatutaria, la que contemplan los reglamentos de distintas órdenes religiosas, militares o protocolarias, lo que ahora pretenden esos poderes difusos es que pertenezcamos de manera vicaria a una uniformidad de pensamiento pasivo, de escritura delegada, de pertenencia a grupos no por afinidad, sino por decantación exógena.

Si damos por supuesto que es un ejército de algoritmos quienes controlan tus redes sociales, por lo tanto, tus supuestos amigos, la necesidad de cambiar de teléfono inteligente cuando le interese a la agrupación de fabricantes, de gimnasio o de detergente, eso quiere decir que, si hace una década un peinado, el ancho de la pata del pantalón o un libro bajo el brazo te identificaba, ahora todos vamos camino de una igualdad casi robótica. Y eso puede desembocar en un conductismo electoral que nos lleve a una nueva edad media.

Empiezo a percibir a la Inteligencia Artificial como la máxima expresión de la colonización exhaustiva. Que existan programas que imiten escrituras, modos de cantar, movimientos copiados de artistas excelsos nos lleva al muro de la inconsistencia, el fin de la Historia del Arte, la deshumanización de la belleza para convertirla en una mercancía amoldable y fuera de todo rigor. Una malsana uniformidad de catálogo. Todos iguales. Como soldados de terracota.